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REPORTAJE

La 'fiesta de los Nobel' arranca con los aires meláncolicos del fado

Con la llegada a Estocolmo de los primeros galardonados, José Saramago entre ellos, se pone en marcha la fiesta de los Nobel. Un programa que culminará el próximo jueves en la Sala de Conciertos de esta capital, cuando cada uno de los premiados reciba, de manos del rey Carlos Gustavo, el diploma y la medalla que (junto a un cheque por la suma de aproximadamente 136 millones de pesetas) constituyen la dotación del premio.Todo parece indicar que la fiesta de los Nobel, expresión que designa una semana de actividades culturales, científicas, sociales e incluso gastronómicas, tendrá este año un sabor portugués porque a esta lengua pertenece el destinatario del Nobel de Literatura que tradicionalmente, sin que nadie lo haya decidido, se ha convertido, tal vez por el poder universal de la palabra, en la "estrella" de la fiesta.

En el caso de José Saramago, se agregan a los méritos que han fundamentado la decisión de la Academia Sueca, la presencia de una personalidad que ha cautivado a sectores de público bastante más amplios que el de la élite cultural. El escritor estuvo hace unos meses en Estocolmo con ocasión de la presentación de una de sus novelas y fue objeto de una extensa entrevista en la televisión que tuvo amplia difusión. En ella, se presentaba a una personalidad sencilla, auténticamente interesada por los seres humanos, en una infrecuente armonía entre el ser del escritor y las criaturas nacidas de su fantasía.

Una personalidad que, con humildad y firmeza, sabe ser consecuente con sus ideas, sin ocultarlas ni renegar de ellas en un país que sistemáticamente ha cultivado el anticomunismo. Por ello, no sólo su obra recibe el homenaje de la crítica, sino que su persona es objeto de un cariñoso reconocimiento.

"Con la elección de Saramago", escribía un crítico del influyente diario Dagens Nyheter el día siguiente de conocerse que su nombre había sido galardonado con el premio, "la Academia Sueca ha distinguido una labor literaria apreciada por todos y que seguramente nadie cuestionará".

El mismo articulista, aludiendo a elecciones recientes de la Academia tales como las de Tony Morrison, "negra, mujer y feminista", y, "peor aún", la de Dario Fo el año pasado, duramente criticada en algunos círculos de Italia, Francia y Alemania y que también había suscitado resistencias similares en sectores suecos, señalaba que con Saramago la Academia no corría ningún riesgo, ya que "el escritor portugués es querido tanto por críticos como por los lectores".

Por otra parte, el diario Svenska Dagbladet, con una prestigiosa sección cultural, dedica tres páginas completas de su edición del sábado pasado a una entrevista realizada al escritor portugués en su refugio de la isla de Lanzarote. En dicha entrevista se abordan temas tan diversos como la vida, la tarea del escritor, la infancia pobre, su amor a los perros, el comunismo, el ateísmo, los ataques del Vaticano y el lugar que ocupan los lectores en su labor literaria. Una labor que Saramago está firmemente decidido a que no sea interrumpida por las secuelas de la concesión del Premio Nobel.

Controversia y vitalidad

En cualquier caso, la designación por parte de la Academia de escritores llamados "controvertidos", lejos de desprestigiar (como han sostenido algunos) el anhelado y siempre polémico premio, ha contribuido a darle mayor vitalidad y aumentar el interés más allá de las fronteras de Suecia.El discurso de Saramago esta tarde en la Academia Sueca, que versará sobre Los personajes de la novela como maestros y el escritor como aprendiz, marcará un punto alto de su presencia en Estocolmo. Después vendrá el baño de multitudes, las conferencias, el contacto directo con los lectores, la visita a las universidades y el despertar en su habitación del Grand Hotel con los cánticos de Santa Lucía.

Y más allá todavía resonarán sin duda estos días en las frías calles de Estocolmo los aires melancólicos del fado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de diciembre de 1998