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El director de La Fe reconoce ante el juez que supo del brote de hepatitis C un mes antes que Farnós

El director gerente del Hospital La Fe, Vicente Gil Suay, reconoció ayer durante su comparecencia en el Juzgado de Instrucción número 5 de Valencia que el 20 de febrero fue informado de la aparición de varios casos de hepatitis C en la clínica Casa de Salud, el centro sanitario en el que se localizó el brote que afecta a 171 personas. El consejero de Sanidad, Joaquín Farnós, ha insistido repetidamente en que la cúpula de su departamento no tuvo conocimiento del masivo contagio hasta un mes después, el 20 de marzo. El director gerente, un cargo de libre elección, no ha sido expedientado por ocultar la aparición de la epidemia, a diferencia de otros 12 facultativos del Servei Valencià de Salut. Maeso, tras la reunión del 20 de febrero, dejó de acudir a su puesto de trabajo: encadenó unas vacaciones con unos días de libre disposición y, posteriormente, una baja por enfermedad. Finalmente, fue expedientado y suspendido de empleo por la consejería. Además, Gil Suay aseguró -ante la sorpresa de José Manuel Ortega, el juez encargado de investigar el masivo contagio declarado en Valencia- que desconocía el informe elaborado por los dos psiquiatras que trataron a Juan Maeso, el anestesista imputado por la multitudinaria infección. Mario Gresa, director del mismo centro, siguió el mismo discurso de su superior: no tenía constancia de las conclusiones del informe, pese a que uno de los dos profesionales que trató a Maeso aseguró en su comparecencia en el juzgado, donde ambos se negaron a declarar amparándose en el secreto profesional, que trasladaron el dictamen a sus superiores. Gresa confirmó la existencia de la reunión en la que los responsables de La Fe tuvieron conocimiento de la aparición del brote. Por lo demás, los cuatro médicos que prestaron declaración ante el juez, el fiscal y las decenas de acusaciones particulares personadas en la causa, reiteraron el monolítico discurso de la mayor parte de los facultativos que han comparecido en calidad de testigos: Maeso es un gran profesional y nunca oyeron rumores sobre su supuesta drogadicción. Es más, se enteraron "por la prensa"de que, tal como aseguraron en el juzgado varios trabajadores de La Fe, el anestesista podía sufrir algún tipo de drogodependencia. En ese sentido se manifestó José María Rodero, jefe del servicio de Digestivo de La Fe y compañero de quirófano de Maeso en la clínica Casa de Salud. Otro tanto dijo Melchor Hoyos, subdirector del hospital maternal del centro público, quién negó tener conocimiento de que Maeso pudo incurrir en irregularidad o anomalía alguna en el desempeño de su trabajo. Estos dos facultativos también coincidieron con Gil Suay y Gresa a la hora de asegurar, a preguntas del nuevo abogado de Maeso, Francisco Davó, que ni detectaron ni conocieron problema alguno en relación con el suministro de opiáceos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de noviembre de 1998