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CRISIS EN EL GOLFO

Clinton da por cerrada la tercera crisis con Irak, pero considera inevitable otro choque

"Irak ha retrocedido, pero no es suficiente; ahora tiene que cumplir sus obligaciones". Con esas palabras, Bill Clinton expresó ayer su escéptica aceptación de la propuesta iraquí para terminar la tercera crisis de los inspectores de la ONU. Clinton dio por cerrado este enfrentamiento, pero comenzó a prepararse para el siguiente. Estados Unidos no bajará la guardia hasta comprobar que los inspectores reanuden sus trabajos "sin restricciones ni condiciones". "Seguimos vigilantes y dispuestos a actuar", dijo el presidente, que también proclamó que el derrocamiento de Sadam es ahora política oficial de EEUU.

El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió anoche en Nueva York, por tercer día consecutivo, para materializar el retorno a Irak de los equipos de inspección del desarme. Mientras que el personal humanitario regresa hoy a Bagdad, los inspectores de desarme lo harán mañana, anunció esta madrugada el jefe del equipo de supervisión de la ONU, Richard Butler.Las palabras de Clinton en una conferencia de prensa convocada con urgencia en la Casa Blanca no pudieron ocultar el desconcierto y la frustración de EEUU. Irak estaba aislado internacionalmente el viernes, pero la situación cambió desde que el sábado se plegó a las exigencias de la ONU. En la reunión del Consejo de Seguridad de la noche del sábado al domingo fueron los norteamericanos y sus fieles seguidores británicos los que se encontraron en una minoritaria posición de intransigencia y belicosidad. Kofi Annan y la mayoría de los miembros del Consejo, incluidos Rusia, China y Francia, daban por buena la retirada iraquí y proponían cerrar pacíficamente y de inmediato la crisis.

A lo largo de la noche del sábado al domingo, Irak reiteró varias veces, de palabra y en tres escritos, que su aceptación del regreso de los inspectores era "incondicional". Clinton explicó ayer que los tres textos adicionales ofrecidos por Irak en esa reunión del Consejo de Seguridad despejaron las dudas que había expresado el sábado Sandy Berger, el consejero nacional de Seguridad.

El presidente atribuyó la retirada iraquí a la presión militar anglosajona y señaló que la presencia de los inspectores internacionales "es el mejor instrumento para que Irak no reconstruya sus armas de destrucción masiva". Pero ayer producía gran perplejidad en EE UU el que, por tercera vez en 12 meses, Sadam haya demostrado ser el director de orquesta de estos enfrentamientos. El guión es siempre el mismo: Irak desata una crisis de inspectores; EE UU pica el anzuelo y se prepara a bombo y platillo para un castigo militar; Sadam da marcha atrás y deja en fuera de juego a Clinton cuando el ataque está a punto de comenzar.

Una gran frustración por no haber golpeado a Sadam era ayer patente no sólo entre los líderes norteamericanos, sino entre la población, que en más de sus dos terceras partes apoya de antemano cualquier ataque a Irak que no implique peligro para la vida de fuerzas terrestres. Incluso se escuchaban comentarios en las cadenas de televisión sobre el despilfarro que supone haber gastado un mínimo de 1.000 millones de dólares en el último despliegue en el Golfo -el dato es del Pentágono- para no disparar una sola bala.

El sábado, la retirada iraquí se produjo en el último minuto. Cuando Annan recibió la primera carta de Bagdad aceptando el regreso de los inspectores, Clinton ya había ordenado un ataque con cientos de misiles lanzados desde buques y aviones y una escuadrilla de bombarderos B-52 volaba hacia Irak. Clinton ordenó suspender la acción media hora antes de que empezaran a llover los misiles.

Clinton fue ayer criticado en EE UU por no haber ordenado un castigo militar a Irak a comienzos de la pasada semana, antes de que Sadam tuviera la oportunidad de dar marcha atrás.

Peligro para la humanidad

Ninguna voz se escuchaba ayer en la superpotencia para poner en duda la versión oficial de que Sadam, tras haber perdido de forma aplastante la guerra del Golfo y haber sido inspeccionado durante casi una década, es el principal peligro para la humanidad. Clinton calificó ayer a Sadam de "amenaza para la seguridad del mundo" y proclamó que el Gobierno de EE UU va a intensificar sus esfuerzos para derrocarle. Es una novedad, puesto que durante años la política oficial norteamericana ha sido la de cercar y acosar a un Sadam percibido todavía como un factor de estabilidad en Irak.El presidente norteamericano no mencionó el embargo contra Irak ni la posibilidad de ponerle un término. EEUU sigue sin estar preparado para levantar unas sanciones económicas que, según muchos especialistas occidentales, sólo provocan sufrimientos al pueblo iraquí y refuerzan la dictadura de Sadam. No es de extrañar si se piensa que el embargo contra Cuba, cruel desde el punto de vista humanitario y contraproducente desde el político, tiene más de tres décadas de antigüedad.

El Consejo de Seguridad se reunió anoche en Nueva York para autorizar el regreso inmediato a Irak de los inspectores de la ONU. El refuerzo de la presencia militar norteamericana en el Golfo seguirá hasta que Washington esté convencido de que los inspectores trabajan sin problemas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de noviembre de 1998

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