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LA PAZ EN ORIENTE PRÓXIMO

Inquietud en EE UU por el papel de la CIA

Políticos y antiguos agentes de la agencia de información temen que quede expuesta a represalias

Washington
El viernes por la noche, Benjamín Netanyahu y Yasir Arafat sellaban en Washington en nombre de israelíes y palestinos un acuerdo que abre una nueva oportunidad para la paz en Oriente Próximo. Para llegar a él, después de un año y medio de bloqueo, hicieron falta nueve días y más de una noche en la finca de Wye Plantation, donde Bill Clinton y el rey Hussein de Jordania, que se encuentra en Estados Unidos en tratamiento de quimioterapia, acudieron varias veces a salvar una cumbre muy difícil. Finalmente, se consiguió un acuerdo que cede a la CIA gran poder en el control de la seguridad en los territorios palestinos. Arafat acudió ayer a Viena a relatar el compromiso a su principal valedor, la UE.

El decisivo papel que, según el acuerdo de Wye Plantation, asume la CIA, la agencia central de información y espionaje, en el proceso de paz en Oriente Próximo provoca una gran inquietud en Estados Unidos. Resumiendo un sentimiento generalizado en los servicios secretos y la clase política, James Wolsey, ex director de la CIA, declara: "Hay cosas que deben hacerse pero no decirse". La CIA, según su también ex director Robert Gates, queda demasiado "expuesta a las críticas y a las represalias" al convertirse en padrino oficial de la represión del terrorismo islamista y mediador por excelencia entre israelíes y palestinos en cuestiones de seguridad y fronteras.

Pero la Casa Blanca replica que no había otra alternativa para resucitar el proceso de paz. En la noche del viernes, en la ceremonia de firma en la Casa Blanca del acuerdo que concede una nueva oportunidad a la paz, Bill Clinton subrayó "el papel inusual y sin precedentes" desempeñado en Wye Plantation por George Tenet, el director de la CIA.

Tenet no escuchó esos elogios, ni los similares que le hicieron Benjamin Netanyahu y Yasir Arafat. No acudió a la ceremonia, donde tenía reservada una silla que quedó vacía. Había regresado ya a las sombras del cuartel general de la agencia, en Langley (Virginia).

Israel hizo de la cuestión de su seguridad el elemento central de la cumbre. Quería que Arafat se comprometiera a aplastar a Hamás y otros movimientos islamistas que actúan en los territorios palestinos que ya disfrutan de autogobierno. Y también que extraditara a Israel a tres decenas de palestinos acusados de acciones terroristas contra el Estado hebreo. Arafat respondió que no podía extraditar compatriotas a Israel, pero aseguró que detendría a los sospechosos para juzgarlos y, si resultan culpables, encarcelarlos. Y respecto a eso, aseguró que pondría freno a Hamás.

Como Netanyahu no se fiaba, Clinton propuso que la CIA ayude a las fuerzas policiales de Arafat a realizar esas tareas y garantice su cumplimiento ante el Shin Bet, el servicio secreto interior israelí. Y también ofreció los servicios del espionaje exterior de EE UU para resolver las disputas fronterizas entre las partes. Israelíes y palestinos, que comparten una gran admiración por la CIA, aprobaron la idea.

Tenet, presente en Wye Plantation, selló personalmente el pacto. La CIA tiene una larga historia en Oriente Próximo, salpicada de episodios sangrientos cuyo recuerdo ha resucitado el acuerdo de Wye Plantation.

Ahmed Yassin declaró el viernes: "La CIA no podrá borrar a Hamás". El comentario del líder espiritual del movimiento islamista palestino dejó claro que se considera en guerra abierta con el servicio de espionaje.

La CIA lleva tres años implicada en el proceso de paz en Oriente Próximo. Tenet y el jefe de su estación en Israel han actuado como mediadores entre los servicios de seguridad israelíes y palestinos; la CIA entrena en Carolina del Norte a fuerzas policiales de Arafat en asuntos de espionaje y lucha contra el terrorismo, y sus directivos han explicado en reuniones confidenciales con senadores de EE UU que muchas de las acusaciones de tolerancia con los terroristas efectuadas contra Arafat son injustas. Pero hasta ahora ese papel era desempeñado con toda discreción. "Lo nuevo", dice Woolsey, "es que la CIA está ahora en primer plano y se arriesga a ser acusada de favoritismo por cualquiera de las dos partes". Robert Satloff, del Instituto Washington para Oriente Próximo, ve también peligros. "La CIA", dice, "va a hacer de aliado, fiscal, abogado y juez de las dos partes, una misión verdaderamente imposible".

"La CIA fue creada para cosechar información secreta para el Gobierno de EE UU y no como instrumento político", afirma Raymond Close, que durante tres décadas fue uno de los especialistas en Oriente Próximo de la agencia.

Cuando se le recuerda que, desde la invasión de bahía de Cochinos hasta el golpe de Estado de Pinochet, pasando por Irán y Vietnam, la CIA no ha dejado de hacer política, Close replica: "Pero eso eran operaciones clandestinas.

Lo de Wye Plantation puede poner en peligro la seguridad de nuestras fuentes, nuestros métodos y nuestros agentes, por no hablar de nuestra imagen".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de octubre de 1998