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Joan Collins atribuye su belleza al "maquillaje" y a "dormir poco"

Una ácida comedia israelí gana la Palmera de Oro de la XIX Mostra de Valencia

La comedia Los 92 minutos de Mr. Baum, del israelí Assi Dayan, obtuvo ayer la Palmera de Oro de la XIX edición de la Mostra de València-Cinema del Mediterráni, un premio al que le restó protagonismo la presencia de Joan Collins en la gala de clausura del festival que se celebró anoche. La actriz británica afirmó que el secreto de su buen aspecto se debe a "mucho, mucho maquillaje". "Y a dormir poco", añadió con sentido del humor. Muy popular a raíz de la serie televisiva Dinastía, recordó cómo Howard Hawks le obligaba "con 20 años" a subir y bajar de los tejados de los estudios para conseguir una voz "más grave" en el rodaje de Tierra de faraones, de 1954.

Collins tiene 64 años y acaba de completar su anterior libro Mis secretos con El secreto de mis amigas, en el que un grupo de actrices como Shirley MacLaine o Jacqueline Bisset relata cómo se mantienen en forma. La televisiva actriz destacó su corto papel en Lo más crudo del crudo invierno, de Kenneth Branagh, y restó importancia a su encasillamiento como mujer perversa, que se originó por un papel que interpretó con 17 años. "A partir de ahí, soy conocida como la niña mala de Gran Bretaña", dijo con cierto desdén e ironía.

Humor negro

En la sección oficial, de las once películas del arco mediterráneo que concursaron, el jurado internacional concedió el primer premio, de tres millones de pesetas, a la agridulce comedia israelí que narra el viaje de despedida de un hombre al que un preciso médico le pronostica poco más de hora y media de vida. Pese a su pesimista planteamiento, se trata de un divertido ejercicio de humor negro, que juega con la complicidad del espectador para abordar un tema tan serio como la muerte. La Palmera de Plata fue a parar a la italiana Sirocco, de Maurizio Sciarra, un filme que cosechó una tibia acogida por parte de crítica y público y en el que destaca la portentosa interpretación de Giancarlo Giannini. La gran favorita, la española Saïd, de Llorenç Soler, tuvo que conformarse con la Palmera de Bronce. Sin embargo, el actor Imanol Arias, presidente del jurado, valoró en el fallo la apuesta solidaria de este filme, una cruda disección del racismo en la actual sociedad española.

La sección oficial ha evidenciado, una vez más, la inexistencia de un cine mediterráneo con señas de identidad comunes. Las películas han conformado un amplio abanico de temas y nacionalidades que va desde los retratos más o menos reaccionarios de las sociedades rurales del norte de África hasta la brillante puesta en escena del filme francés Prisión a domicilio, el gran olvidado por el jurado. Por eso, la Mostra, que pretendió convertirse en el gran referente cultural de los pueblos mediterráneos, ha ido derivando hacia la indefinición, concretada en una potenciación de secciones paralelas (Andy Warhol, realizadores afroamericanos, entre otras), que nada tienen que ver con su concepción primitiva, aunque atraen el mayor número de espectadores.

Sí es, desde luego, un referente mediterráneo Federico Fellini. La Mostra ha proyectado todas sus películas con gran aceptación del público más joven, que apenas había visto sus filmes en el cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de octubre de 1998