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Entrevista:

"Todos mis libros son fábulas de perdedores"

A Miguel Delibes (Valladolid, 1920) le disgustan las etiquetas. El escritor elude el calificativo histórico para definir su último trabajo, El hereje (Destino), su novela más larga (casi 500 páginas) y ambiciosa, que se pone a la venta estos días. Prima "la fábula sobre la historia", afirma Delibes, convaleciente aún de una delicada intervención quirúrgica, en sus respuestas al cuestionario enviado por este periódico. Y añade que se trata de su novela "más madura y completa".

Pregunta: En los más de cincuenta títulos que componen su obra literaria no había hasta ahora ninguna novela histórica. ¿Qué le ha impulsado, a los 78 años, a debutar en el género, y con una obra extensa, de cerca de 500 páginas?Respuesta: Salvo las futuribles todas las novelas abordan el pasado histórico.

P. ¿Por qué escogió la liquidación de los protestantes en Valladolid a manos de la Inquisición como base de la obra?

R. Me afectaba más y lo tenía más a mano.

P. El doctor Cazalla, uno de los personajes de la novela, fue arrestado por la Inquisición y acusado de luteranismo en 1558. ¿Qué personajes de la novela son reales y cuáles ficción literaria?

R. Cipriano Salcedo, familiares, empleados y amigos son personajes inventados. Únicamente el grupo de Cazalla, incluida la familia de éste, son reales y he procurado sostener su postura en el proceso y el auto de fe.

P. Cipriano Salcedo, el protagonista, no es más que un pobre muchacho marcado por el odio de su padre y la falta de afecto que le acompañará toda su vida. ¿En qué medida se le puede comparar con otros de sus personajes literarios?

R. Cipriano es un perdedor, de mayor alcurnia pero tan perdedor como otro cualquiera de no pocos personajes de mis novelas.

P. ¿Cuánto tiempo le ha llevado escribir El Hereje, una obra en la que se deduce una intensa investigación histórica?

R. Desde que leí el primer libro hasta que le puse la palabra fin, treinta y cuatro meses.

P. Además de los libros y autores expresamente mencionados en El hereje ¿qué otra documentación ha utilizado?

R. Especialmente la que cito. He ojeado historias universales y de España, diccionarios, enciclopedias, historias de la caza y de las armas de fuego y todo aquello que de alguna manera afectara al tema.

P. ¿Cree que autores como Arturo Pérez Reverte o Francisco Umbral, con sus Cuadernos de Luis Vives, han ayudado a revitalizar la novela histórica hasta convertirla en un género de moda?

R. Umbral y Reverte son autores muy leídos pero dudo mucho que la literatura histórica esté de moda, e incluso que El hereje sea una novela histórica. He procurado por todos los medios que la historia no devore a la fábula.

P. ¿Qué predomina en su biblioteca, la novela histórica o los libros de historia? R. Novela histórica he leído poca y compro pocas. Si contamos autobiografías, biografías, memorias, género que leo con mucho gusto, los libros de historia predominan con mucho sobre la novela histórica.

P. ¿Qué supone de innovación El hereje con respecto a sus dos obras anteriores, Señora de rojo sobre fondo gris y Diario de un jubilado?

R. Son libros distintos. Del tono a la ambición son libros diferentes, aunque todos ellos son fábulas de perdedores. Creo que El hereje es mi novela más madura y completa, en la que se recogen todas mis experiencias anteriores.

P. En El hereje abundan pinceladas descriptivas sobre la Castilla rural y su pasión por los animales, aspectos que definen su obra literaria. Aunque en este caso estuvieran obligadas esas referencias dada la época en que transcurre la acción, ¿qué parte de su obra valora más, la rural o la urbana?

R. El conjunto. Yo creo que lo rural y lo urbano están equilibrados. Entiendo que ninguno de estos aspectos se impone al otro ni merece superior valoración.

P. El espíritu de Cipriano Salcedo y los que como él creían en Lutero y en la necesidad de crear unos códigos nuevos de fe y de conducta ¿podría ser transferido al final del segundo milenio, en el que es posible que la Iglesia Católica necesite una reforma, al menos en sus actitudes con los poderosos?

R. A finales del siglo XX todas las iglesias cristianas tienen problemas y están necesitadas de reforma. Un gran concilio sobre estas iglesias permitiría resolver parte de los problemas comunes de la cristiandad o, al menos, acercarse a ellos.

P. Debe ser usted el escritor español del que mayor número de obras se han llevado al cine, la televisión o el teatro. ¿A qué cree que se debe ese interés añadido de los realizadores por su obra literaria? ¿Ha estado de acuerdo con las adaptaciones llevadas a cabo?

R. Me parecen demasiadas las novelas mías que se han llevado al cine pues algunas no merecían "tanto honor". De otras no se ha sacado el partido debido. En general, Los santos inocentes me parece una película excelente, buenas El señor Cayo y La guerra de papá, aceptables Retrato de familia y El camino. Y como documental, Las ratas. En lo que atañe a la escena, aplaudo Marío y Las guerras de nuestros antepasados, pues para mí la palabra en el teatro vale tanto como la acción.

P. ¿Cómo se enfrenta una persona tan activa como usted a la enfermedad y lo que ésta comporta de intervenciones, inmovilidad y dolor antes de la recuperación?

R. Dios me ha ayudado a soportarlo con dignidad.

P. Ha obtenido los premios más importantes concedidos en lengua española, desde el Cervantes hasta el Príncipe de Asturias de las Letras. ¿Se siente, en ese sentido, reconocido en su labor literaria o sigue pensando, como dijo en una ocasión, que los premios eran homenajes para moribundos?

R. No recuerdo haber dicho lo que usted me atribuye. Yo siempre he aceptado los premios como un homenaje y con especial emoción, el Nadal para nacer y el Cervantes para morir (una manera de decir que la serie se está acabando).

P. Como periodista y defensor de la prensa libre le supongo buen lector de periódicos. ¿Está de acuerdo con el periodismo que se practica hoy en España, basado fundamentalmente en la declaración y contradeclaración?

R. No sólo me molestan los periódicos de declaraciones y contradeclaraciones, sino esos otros de los silencios y las ocultaciones de hechos evidentes. Cada periódico suele ver los defectos ajenos sin reparar en los propios.

P. ¿Por qué se muestra tan retraído a la hora de conceder entrevistas?

R. Me fío cada vez menos de mi cabeza. Ya no olvido solamente los nombres propios. Lo mismo me sucede con los problemas del mundo. Hoy día tengo que pensar, no puedo opinar sobre nada a espetaperro como obliga la entrevista.

P. Su última novela es un homenaje también a la lengua española. Como académico y defensor del castellano ¿le preocupa el futuro del idioma español? ¿Qué opina de la inmersión lingüística en Cataluña?

R. Yo pienso que para que el español no se desmande las Academias deben actuar unidas, dedicando especial atención a los neologismos. Contaba Dámaso Alonso que para designar al bolígrafo, antes de decidir una uniformidad de criterios, se emplearon dieciséis palabras diferentes. El catalán tiene su sitio. Teóricamente no me parece tan complejo la existencia de dos lenguas oficiales en una región.

P. ¿Le interesan las obras de los jóvenes autores españoles? ¿Ha leído últimamente alguna novela que le haya impresionado? ¿Lee o relee?

R. Leo y releo. Leo Plenilunio y lo aplaudo. Releo Desde la última vuelta del camino y lo vuelvo a aplaudir a pesar de su composición caótica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de septiembre de 1998

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