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46º FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

Siempre hay salida

"No me apetece hacer películas donde no haya salida. No me apetece ni desde el punto de vista personal ni desde un planteamiento político. A pesar de todo, sería estupendo obtener algo de belleza de este final de siglo". Lúcido y combativo, pero también optimista, el realizador francés Robert Guédiguian explicó ayer en San Sebastián A la place du coeur (De todo corazón), que se estrenó en la sección oficial del certamen donostiarra. Conocido en España sólo por su anterior película, Marius y Jeanette, este cineasta ha utilizado la conflictiva y dura ciudad de Marsella como un inmenso plató para rodar sus historias."Marsella", comentó Guédiguian, "sufre una guerra económica y un choque entre culturas que provoca tanto una destrucción física de la ciudad como brotes de racismo y de xenofobia". Ambientada en los barrios obreros de Marsella y a través de una tierna historia de amor entre una adolescente blanca y un joven negro, De todo corazón tiene un final feliz que el director defiende. "Es urgente", señaló, "constatar el auge del racismo, pero también había que ofrecer pequeñas soluciones colectivas, aunque hoy en día las salidas no estén muy claras".

Dos trabajadores que se sienten humillados por la Historia con mayúsculas y que son los padres de los protagonistas le sirven a Guédiguian para mostrar la perplejidad del final de siglo en Europa en una narración filmíca que no en vano concluye en Sarajevo.

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