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Historia de la iglesia deslizante

San Juan de Uzarraga, la primera parroquia de Antzuola, asentada sobre tierra movediza, ha sido reconstruida tres veces

Los vecinos todavía recuerdan las romerías que, animadas por una trikitrixa, se celebraban los domingos en la plaza de la iglesia de San Juan de Uzarraga, cuando llegaba gente hasta de Eibar gracias a la línea de ferrocarril que unía esta localidad guipuzcoana con Zumarraga. Entonces, como ahora, también se hablaba del estado de una iglesia que se ha caído tres veces y otras tantas ha sido levantada: aunque hace 50 años la apariencia del templo no fuera la de ahora, ya se verían las grietas, las columnas inclinadas, los muros desparejados, en fin, un lugar donde las líneas paralelas están en peligro de extinción. Eso sí, todo esto no ha sido a causa de un arquitecto que dibujara torcido con reglas rectas o de albañiles de falsas plomadas, sino de haber decidido ubicar el templo en un lugar de arenisca con aguas subterráneas. La iglesia de San Juan de Uzarraga, la original de la localidad guipuzcoana de Antzuola (luego se levantaría la de La Piedad, en el núcleo urbano del pueblo), se ha caído tres veces a lo largo de su vida y otras tantas ha sido vuelta a levantar. Más que iglesia se podría decir que es un conjunto urbano compuesto por el templo, la casa cural, otra casa anexa, el cementerio, la antigua escuela y una plaza con dos fuentes, lugar en el que se celebraban las famosas romerías citadas y que abre el camino hacia el caserío de Urrutia donde nació la madre de Valentín de Berriochoa, María Mónica de Arizti-Igueribar, el 4 de mayo de 1797, como señala una placa colocada en su fachada. Fundación templaria Así, de la primitiva iglesia no queda nada más que el recuerdo. Ya en 1732, el conde de Oñate ofreció, como patrono que era de este templo, 1.500 ducados para la fábrica de la nueva parroquia porque amenazaba ruina. La obra fue realizada a cabo por el maestro de Azkoitia Pedro Ignacio de Lizardi, quien censuró la "exorbitancia mui excesiba en los morteros que gastan los canteros executantes" [sic]. Pero no hubo de ser tanto el gasto, porque cuarenta años más tarde otro maestro, Francisco de Ibero, aseguró que la iglesia estaba viciada y rajada en algunas partes y que los cimientos de las paredes eran en unas ocasiones fuertes, y en otras, blandos. La causa de este rápido deterioro la halló un tercer maestro de obras, procedente de Bergara: "Dicha iglesia se halla en situación costanera y que las aguas lloberizas baxan de lo alto, comunican y se soterran a los cimientos de dicha iglesia, por quanto la tierra de dicho paraxe y su contorno es arenisca y floxa, que traspasa la agua asta los profundos" [sic]. Pero los vecinos de San Juan de Uzarraga continuaron empeñados en que la iglesia siguiera donde había estado desde que los templarios fundaron la parroquia, según cuenta la leyenda. Algunos miembros de una de las órdenes más poderosas del medievo, caída en desgracia y finalmente disuelta en 1312, recibieron en 1157 una considerable extensión de terreno del rey de Navarra (a la que pertenecía Guipúzcoa en aquel entonces). La costumbre táctica de estos monjes-guerreros era situar sus templos o encomiendas en puntos estratégicos. Dentro de la red de caminos medievales, Uzurraga se encontraba en el cruce de la vía que atravesaba Guipúzcoa de este a oeste con la que desde Azpeitia llegaba a Bergara, después de pasar por Elosua. Argumentos que corroboran las afirmaciones de Garibay y Lope de Isasti de que la iglesia de San Juan de Uzarraga era templaria. Isasti escribe al respecto: "En señal de esto están sobre la puerta las insignias de la Orden de San Juan, que son las que tenían estos cofrades". Además, está la leyenda popular que recuerda cómo en lo alto de Santa Cruz, en Uzarraga, en lo que fue un famoso cementerio, hay personas enterradas, alguna de ellas procedente de lugares tan alejados como Salinas de Léniz. Era tradición de los templarios acoger en sus encomiendas a fallecidos de otras localidades cuyos familiares les llevaban donde esta orden buscando el prestigio, la seguridad y el respeto para sus mayores. El cementerio actual, el que está junto a la iglesia y que también cuenta con las huellas del deslizamiento de tierras que se está llevando al templo, acoge hoy a los vecinos de un barrio que en tiempos fue populoso (todavía recuerdan sus vecinos cómo en la escuela contigua había hasta cuarenta niños y niñas que acudían todas las mañanas con su cartera y su bocadillo para el almuerzo del mediodía). Colina abajo Ahí, en este camposanto, llegó a habitar una tortuga durante más de cuarenta años. Todas las primaveras aparecía de su letargo invernal para alegrar las tumbas con sus paseos cadenciosos, hasta que volvía llegar de nuevo el frío de noviembre y regresaba a su guarida. La pobre tortuga también sufrió las consecuencias de los corrimientos de tierra, según cuentan los vecinos. Un invierno volvió a su hogar y no regresó nunca más a la superficie: se la había tragado la tierra, la misma que está arrastrando la iglesia de San Juan de Uzarraga. La tercera y última vez que se rehizo el templo fue a principios de este siglo, cuando se invirtieron en sus obras 30.000 pesetas de las de entonces, además de 14.000 duros en materiales y trabajo, según recogen las crónicas de la época. Desde entonces, la iglesia se ha ido deslizando colina abajo, inhabilitando poco a poco sus dependencias, como ha ocurrido con la casa cural, cerrada a cal y canto desde que se viera cómo se desencajaban algunas de sus ventanas. La primera advertencia se la había dado la columna contigua, imitación en miniatura de la torre de Pisa y evidencia significativa de la decadencia del templo. La iglesia de San Juan de Uzarraga, su escuela abandonada, su casa cural clausurada, su decadente cementerio y su plaza silenciosa en las tardes de domingo son expresivas muestras de una forma de vida, la de los caseríos, que se ha ido sustituyendo por costumbres industriales, como reflejan los cercanos municipios de Bergara y Antzuola. El deslizamiento por la pendiente de la colina de la iglesia no es más que una metáfora de un acabamiento que ya había previsto la tortuga del cementerio cuando decidió no volver a aparecer por la faz de la tierra.

Datos prácticos

Cómo llegar: El barrio de Uzarraga se encuentra entre Bergara y Antzuola, municipio al que pertenece. Desde Bilbao se toma la A-8 o la N-634 para salir en Eibar, desde donde se accede a Bergara por la GI-627. Esta misma carretera es la que hay que coger si se viene desde Vitoria. En Bergara, se toma la GI-632 hasta el cruce de Uzarraga. Desde San Sebastián, se puede ir por la N-I hasta Beasáin y de ahí por la GI-632 hasta el citado cruce de Uzarraga, después de pasar Antzuola y antes de llegar a Bergara. La carretera que lleva a Uzarraga es la GI-3112. Alojamiento: Bergara cuenta con tres establecimientos hoteleros: Ariznoa (tel. 943 761848), Lasa (943 761055) y Zabala (943 764257). Antzuola cuenta con un agroturismo: Ibarre (943 766310). Comer: En Guipúzcoa, se pueden encontrar restaurantes, asadores o sidrerías en cualquier barrio. Uzarraga cuenta con la sidrería Iribar (943 766346). En Bergara, además de los hoteles citados, con excelente servicio de restaurante, están Zumelaga (943 762021), Etxagi (943 765312), Osintxu (943 763308) o los asadores Ortzi (943 762268) o Erreki (943 763851).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de agosto de 1998

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