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"Casi la mitad de la gente en Eurovisión era "gay", afirma Dana International

La cantante transexual israelí dice que hace música para toda la familia

¿Salomé o Salomón? La cantante transexual israelí Dana International -en el mundo Sharon Cohen, originalmente Yaron Cohen- mostró ayer en Barcelona rasgos de mujer de carácter fuerte - voilà Salomé- y cargó contra sus detractores, pero también trató de hacer justicia para con la sociedad de su país -dijo que la inmensa mayoría es de mentalidad muy abierta- y lanzó un mensaje a favor de la comprensión y la tolerancia. La flamante ganadora del festival de Eurovisión afirmó: «Más del 40% de la gente que estaba allí (en el certamen) era gay, pero no lo decía».

Dana, primera ganadora transexual de Eurovisión -con la canción Diva- , nació en Tel Aviv hace 26 años y sus padres le pusieron el nombre de Yaron por su tío, que había sido asesinado un año antes en un ataque terrorista.La cantante pop-dance israelí, que cambió de sexo en 1993, se ha convertido en la bestia negra de los judíos ortodoxos más fanáticos y a la vez sus canciones han sido prohibidas en Egipto y otros países árabes, donde se la acusó de corromper a la juventud y de formar parte de una conspiración sionista especialmente refinada.

La artista, todo un fenómeno social, ha dado ya pie a estudios tan sesudos como el del doctor Ted Swendenburg titulado Dana International; pop transgenérico y la polisemia del sexo, la nación y la etnia en la frontera egipcio-israelí.

Dana, que ha firmado con Sony para los próximos cinco discos, compareció ayer ante los medios de comunicación con 45 minutos de retraso y la excusa de que había tenido que esperar a que se le secara el esmalte de uñas.

Muy diva, con un vestido ligero y una cadenita de oro de la que pendía una minúscula estrella de David, se dejó retratar con poses de maniquí algo exageradas y una bandera catalana.

¿Cómo lleva Dana la fama? «Es muy bonito, trabajo mucho, me gusta mucho Europa, pero todo va muy rápido, no tengo tiempo para nada», respondió. Se le preguntó si considera que ha devuelto el glamour a la algo ajada Eurovisión. «No, no, el festival necesitaba algo de cambio, pero es algo muy bueno, con una utilidad política grande».

Del jugoso asunto de la supuesta oferta de las Spice Girls para que se sumara al grupo ahora que tienen una vacante, dijo que la prensa ha exagerado la historia. «No tengo la seguridad al 100% de que ellas me hicieran una oferta, la propuesta no me llegó directamente, sino a través de un colaborador del grupo. En todo caso dije que no; me interesa la carrera de solista».

Sobre su música, rehuyó las etiquetas y señaló: «Hago música de libertad, para toda la familia. No pretendo hacer música para un sector particular».

Interrogada por su concepto de familia, tragó saliva, hizo un gracioso mohín y lanzó: «La familia es algo hermoso». Añadió con picardía: «En Israel, el problema es que a los hombres les gusta visitar las camas de otras mujeres».

A propósito del significado de su triunfo en Eurovisión para el colectivo homosexual dijo: «Creo que es un paso más para que se acepte a los gay como son». Bañada en la emoción de una ambigua Judy Garland, Dana prosiguió con un discurso que recordaba al del judío Shylock en El mercader de Venecia: «No entiendo por qué la gente está tan interesada en dividir en comunidades a los demás, blancos, negros, gays, ¿acaso si te cortas, la sangre no es la misma?».

De la política de su país Dana comentó: «Es un país difícil, con muchos problemas, pero también es verdad que sólo se muestra en televisión lo malo. En Israel creemos en la libertad. El 80% de la población es de mentalidad muy abierta. El problema son sólo los ultrafanáticos ortodoxos, que tienen mucho dinerto y poder». Dijo que no le importan los que hablan mal de ella: «Aunque hubiera nacido mujer, los ortodoxos me atacarían igual, por el hecho de ser mujer».

En cuanto a su relación con los hombres, explicó: «No tengo problemas. Hay mucha diferencia entre lo que un hombre admite en público y lo que está dispuesto a hacer en privado».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de junio de 1998