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Prueba caligráfica para Amedo

El ex subcomisario José Amedo ha cambiado tantas veces de versión que cualquiera de sus manifestaciones constituye una sorpresa relativa. Con todo, la semana pasada causó estupor que ni siquiera admitiese la paternidad de un manuscrito aportado hace un año al Tribunal Supremo por su abogado.En el supuesto documento de Amedo consta que tuvo conocimiento de que su compañero Michel Domínguez puso en antecedentes de los hechos al juez Baltasar Garzón días antes de que éste fuese presentado como número dos en la lista electoral del PSOE por Madrid, después de Felipe González.

El presidente del tribunal, el magistrado José Jiménez Villarejo, tuvo suficientes reflejos como para encargar sobre la marcha una prueba caligráfica del documento en cuestión.

La prueba se practicará durante la mañana de hoy, antes del comienzo de la sesión. A tal fin, Amedo tendrá que realizar un cuerpo de escritura para que los peritos lo cotejen con el del mencionado documento.

Mientras José Amedo realiza esta prueba pericial, Segundo Marey será sometido a reconocimiento médico en la clínica forense de los juzgados de Instrucción de la plaza de Castilla. A instancias de su abogada, Olga Tubau, dos doctores examinarán a Segundo Marey para comprobar si su estado físico y psíquico ha empeorado como consecuencia de los días que pasó secuestrado a finales de 1983.

La letrada Tubau asegura que su defendido padece problemas respiratorios y transtornos psíquicos, daños por los que reclama una indemnización de 125 millones de pesetas.

El fiscal, en cambio, rebaja la indemnización a 36 millones, pese a que reconoce que Marey sufre un estreñimiento rebelde, hundimiento de la resistencia física, bronquitis crónica y "una reacción de terror con neurosis reaccionaria que le hace desear la muerte".

Los policías que han declarado en el juicio coincidieron en su creencia de que el secuestro de Marey fue en realidad una "acción legal". Para ellos, Marey era "un importante etarra", al que se mantuvo en una cabaña "detenido" porque en la Jefatura Superior de Policía de Bilbao podía haber "filtraciones". Todos suponían que "desde Madrid" se había dado cuenta de la "detención" a la autoridad judicial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de junio de 1998