Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Fracasos, trucos y triunfos

Dieciocho años rescatando niños esclavizados han llenado de alegrías y horrores la vida de Kailash Satyarthi, un ingeniero electrónico indio cuya trayectoria le ha convertido en coordinador de la Marcha. «Entre los marchadores de Asia está Asraf», dice, «un chico que conocí con seis años en Delhi. Un alto cargo había conseguido a Asraf como criado para todo. No le pagaban, tenía que cuidar de los hijos del amo, limpiar la casa, llevar el desayuno a todos... Una noche se durmió y le castigaron sin comer ni beber 24 horas. Acabó dando un buche a un vaso de leche. El amo le descubrió, le quemó las manos, le torturó con un destornillador al rojo vivo. Le liberamos, pero no supo decir ni el nombre del amo. Según la ley, no era un esclavo, sino un criado. El amo seguirá por ahí. Asraf está con nosotros».«Otra vez encontré en la India un taller de alfombras donde trabajaban 40 niños», recuerda Kailash. «Se les había aleccionado para que dijeran que eran los hijos del dueño. Éste me descubrió allí, y me repitió la misma historia familiar. ¡Todos los niños tenían más o menos la misma edad! Pero el tipo sabía que había leyes en contra suya, y tenía sus mañas: "Como usted es trabajador social", me dijo, "no está en su casa y no tiene hijos. En cambio, yo estoy siempre en casa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de mayo de 1998