Craxi cree que está "condenado a morir en el exilio"

El ex dirigente del Partido Socialista Italiano (PSI) Bettino Craxi, refugiado en Túnez poco después del estallido del escándalo Tangentópolis en 1992, no ve probable su regreso a Italia. Antes bien, se siente "condenado a morir en el exilio", según unas declaraciones publicadas ayer por Le Matin de Ginebra. Ni siquiera la buena perspectiva que se abre ante el dirigente socialista, una vez que el Supremo decidió el jueves anular la sentencia más grave de las dictadas contra Craxi al aplicar la reforma de un artículo clave del Código Penal, alivia su pesimismo. Craxi reconoce haber acariciado la idea del suicidio. Si lo he rechazado, dice, es "porque sería una rendición, una humillación, una victoria para los otros. Yo pienso en ello de manera racional, no impulsiva", añade. Desde esta perspectiva racional, Craxi considera que "seguramente terminaré pidiendo asilo en Francia", el país donde, dice, más le gustaría residir, después de Italia, y adonde no se ha atrevido a trasladarse hasta ahora, "por las órdenes de detención que pesan contra mí, aunque no creo que se hubiesen ejecutado teniendo en cuenta que mis delitos son políticos y las leyes internacionales me protegen".

En la entrevista, Craxi se lamenta de su mala salud y del riesgo apenas conjurado de que le tuviera que ser amputada una pierna. Pero no pierde la oportunidad de criticar a los jueces del movimiento Manos Limpias que destaparon el escándalo de comisiones ilegales a gran escala que dio al traste con su carrera política. Sobre Craxi pesaban, hasta ahora, condenas que suman un total de 25 años.

Es precisamente Antonio di Pietro, la figura más famosa de Manos Limpias, la más atacada por Craxi en la entrevista a Le Matin. "Di Pietro, un pequeño aventurero, ha sido utilizado contra mí como un asesino".

Di Pietro, hoy senador, lamentaba ayer en unas declaraciones al Corriere della Sera la decisión del Supremo, y reclamaba un Manos Limpias 2.

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