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El humor antídoto para la violencia

Un psicólogo habla de las cualidades terapéuticas de las carcajadas

No pocas veces se ha dicho: reír es bueno para la salud. Pero hay más, asegura Luis Muñiz Hernández, decano de la facultad de Psicología de la Universidad San Estanislado de Kotska (Segovia), citando al psiquiatra estadounidense William Fry: 5 minutos de risa equivalen a 45 minutos de ejercicios aeróbicos. Incluso tratándose de una persona en silla de ruedas.

Muñiz Hernández asistió el sábado pasado al seminario El idealismo perverso, una reflexión sobre terrorismo y fanatismo, y su propuesta, aunque no la ha aplicado fuera del aula de clases, es reivindicar el humor como una herramienta terapéutica que bien puede extrapolarse a los casos de violencia extrema. "Los fanáticos son personas incapaces de relativizarse", afirma. Y el humor es eso: humildad, distanciarse un poco de la realidad, ver las cosas desde distintos costados, no tomarse tan en serio lo que uno mismo piensa. En ese sentido, "el humor es la antípoda del terrorismo y el fanatismo".

El psicólogo apela a un gigante de la mitología griega para ilustrar la infalibilidad de la que se siente garante toda persona fanática: Procrusto, el que estiraba o cortaba a sus cautivos para que se ajustaran a las medidas de su mesa. "El terrorista y el fanático estira o mutila el pensamiento que no siga su lógica". Así, cercena espontaneidad, imaginación y posibilidad de diálogo".

Es ahí donde entra en juego la bandera izada por Muñiz Hernández: el humor nace de la experiencia de "verse viviendo", de sentir los límites de lo individual, de equivocarse, de corregir errores.

Muñiz Hernández confiesa que se dedica a este tema desde hace muy poco. Pero cuenta con una experiencia de cuarenta años que le resultan nada desdeñables: la del psiquiatra norteamericano William Fry, de la Universidad de Stanford. De él heredó los estudios sobre psicofisiología de la risa y biología del humor. Su tesis se basa en que la risa potencia el sistema inmunológico del ser humano.

"Todo el cuerpo humano participa en el proceso de la risa", explica. "Cuando un hombre ríe se produce en su organismo una dinámica superior que si no lo hace".

Fry le debe sus fundamentos a Norman Cousins, según Muñiz Hernández, posiblemente el precursor de la terapia del humor: "se trataba de un hombre al que le diagnosticaron un tipo de artritis, su sistema inmunológico se estaba deteriorando. Un día él mismo pidió que le prescribieran las películas de Charles Chaplin, se fue a su casa y días después, cuando regresó al hospital, su sistema había mejorado. Cousins, sin ser médico, fue la primera persona que formó parte de una escuela de medicina, en California".

Otra fuente citada por Muñiz Hernández es el libro La alquimia del sufrimiento, de Lisandro López. Entre otras de las conclusiones consignadas en sus páginas figura que en Cataluña hay más casos de cáncer que en Andalucía, porque estos últimos tienen más madera para reírse de sí mismos. "Muchas enfermedades tienen su raíz en el sufrimiento", agrega.

¿Cómo puede aplicarse todo esto en el caso de un fanático o un terrorista? Muñiz Hernández no niega que llevarlo a la práctica terapéutica sea difícil. Sus indagaciones apenas comienzan. Por ahora sólo atina a decir que debe existir una manera de confrontar al fanático con el sinsentido. Se reirá cuando lo logre y pueda contarlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de febrero de 1998