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Tribuna:VISTO / OÍDO

Doctrina capitalista

TECGLENBush mata para ser presidente. Clinton matará iraquíes para que su partido salga en las próximas elecciones. Para que las bolsas suban, conviene que haya más paro y menos seguridad social. Comemos, bebemos, conducimos y refrigeramos gracias a la muerte prematura en el Tercer-o último- Mundo. Para que todo siga es preciso que digamos lo Contrario. Que todos los periódicos del mundo clamen contra la pena de muerte, el paro obrero, el hambre, la opresión sexual o la miseria de Sadam Husein: para destruir las armas masivas que suponemos que éste tiene -tan dudosas que todos los hombres del presidente no pueden encontrarlas-, nada mejor que utilizar nuestras armas masivas: son mejores y matan más masas.

A condición de que una parte de esta sociedad reniegue. Algunos agentes -yo- de esta forma de capitalismo actuamos de forma en que a todo lo que sucede le corresponda una buena crítica. Somos los actores de la libertad. Yo tengo un gran placer en trabajar en ese colaboracionismo: de ninguna manera aceptaría el contrario. ¡Mi conciencia! Mi gusto es decir que Castro tiene toda la razón en condenar a Hernán Cortés y en repetir que sus porquerizos fueron una banda de miserables asesinos, aunque esté en mi trabajo añadir que los señores del cuchillo de obsidiana que rasgaban el pecho de la virgen drogada para recoger su corazón vivo merecían el exterminio. No era una religión mejor que la nuestra, aunque la nuestra -y me asimilo a las de esos antepasados conquistadores a los que odio desde pequeñito- haya tenido mejores formas de matar.

De este papel en la comedia del capitalismo, en el neoliberalismo, me consuelan las represalias, los desplantes, los despidos, la ausencia de las listas buenas. Nunca he vestido frac ni condecoraciones, y eso me tranquiliza, pobre tonto: es tan malo enorgullecerse de esa virginidad como hinchar el pecho bajo el Collar.

Una premisa de la sociedad capitalista es la de que aparezcan sus contradicciones. Producirlas ella misma. Que haya un ministro que luche contra el paro mientras otro despide a los empleados de los que el Gobierno es patrono. Que los Estados civilizados vuelvan el rostro ante la pena de muerte mientras dan su cuchillo Solingen o su pistola Beretta a los que han hecho sus oposiciones y su carrera fundamentalista. Todo tiene su sentido. La cara y la cruz están en una sola moneda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de febrero de 1998