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Rusia anuncia que Sadam acepta la inspección de ocho 'Palacios', pero Bagdad lo desmiente

La partida de póquer iniciada por Sadam Husein continúa. Por la tarde, el Kremlin anunció a bombo y platillo que se su enviado especial, Víktor Posuvaliuk, había logrado arrancar de Sadam el permiso para inspeccionar ocho recintos presidenciales. A última hora de la tarde, Bagdad lo desmintió dejando en mal lugar a su principal mentor internacional. El viceprimer ministro iraquí, Tarik Aziz, calificó de "completo error" la información suministrada por el Gobierno ruso. Un portavoz iraquí de Exteriores fue aún más lejos: "Jamás se discutió ese asunto con el enviado ruso".

El error de interpretación puede proceder del ansia de Moscú por evitar el ataque norteamericano. El presidente Borís Yeltsin, en un penúltimo intento, advirtió ayer a Washington de las "imprevisibles consecuencias" para sus relaciones de una acción militar que causaría un "alto número de bajas civiles".Los rusos, como ya sucedió en noviembre, desean apuntarse el tanto diplomático. No sólo por defender las tradicionales buenas relaciones con Irak, sino para demostrar que, pese a la grave crisis interna, Rusia sigue siendo un actor de primer orden en la esfera internacional. Pero hacen falta más que palabras. El Kremlin necesita que Sadam ceda lo suficiente como para que Estados Unidos se quede sin argumentos para lanzar su ataque.

Según el ministro ruso de Exteriores, Yeugeni Primakov, estas eran las condiciones de Sadam Husein para abrir los palacios: que cada inspector fuera considerado como representante del Gobierno de su país y que la misión estuviera acompañada por diplomáticos de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. El líder iraquí, que excluía de la inspección las zonas adyacentes a las ocho instalaciones, aceptaba, según Moscú, discutir los detalles con el jefe de la misión especial de la ONU, Richard Butler.

Esta supuesta oferta de Sadam, la de abrir con condiciones ocho recintos presidenciales, estaba aún lejos de satisfacer las exigencias de Washington. El secretario de Defensa, William Cohen, declaró en Washington (antes de conocerse el desmentido iraquí) que "la propuesta no es la solución en este momento".

Las ocho instalaciones presidenciales son parte de los 78 lugares que en un principio vetó Sadam arguyendo que se trataba de palacios y cuya inspección representaba una violación de la soberanía de Irak. Se sospecha que en ellos están escondidas todas o parte de las 45 cabezas químicas o bactereológicas aún no controladas por la ONU.

En la reunión de ayer en Bagdad entre un equipo de la ONU, encabezado por el ruso Nikita Smidovich, y los delegados iraquíes se habló de este asunto. El régimen de Sadam sostiene que estas armas ya han sido destruidas, pero los inspectores desean acceso ilimitado a cualquier instalación para comprobarlo.

Según el portavoz del Kremlin, Serguéi Yastrzhembski, la enérgica advertencia de Yeltsin surge de la convicción de que "las posibilidades de encontrar una solución política están muy lejos de haberse agotado". Por su parte, Primakov declaró que "la situación está adquiriendo un carácter cada vez más amenazador" y que la información que le va llegando demuestra que el ataque tiene muchas posibilidades de. producirse. Eso sería, añadió, "un gravísimo error".

Clinton se encargó ayer de comunicar personalmente a Yeltsin que "el tiempo de la diplomacia expira con rapidez". En una conversación telefónica de 20 minutos, el presidente norteamericano recordó a su homólogo ruso la necesidad de que los miembros del Consejo de Seguridad actúen unidos en la crisis de Irak.

Por otra parte, tras el éxito de la etapa de Kuwait (donde Madeleine Albright encontró apoyo a la opción militar), la secretaria de Estado norteamericana se ha topado con la negativa saudí. Así se lo hizo saber el príncipe heredero Abdala Beni Abdel Aziz. Arabia Saudí, aliado de EE UU, no sólo se opone a una acción militar sino que además se niega a que sus bases puedan ser utilizadas por los aviones norteamericanos para bombardear Bagdad, según aseguró un portavoz oficial saudí. La siguiente etapa de la gira de Madeleine Albright es Egipto, otro país opuesto a la solución de fuerza y que culpa a los inspectores de la ONU, de conducir la situación a un callejón sin salida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de febrero de 1998

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