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Muere el cineasta Teo Escamilla, víctima de un infarto, en el hospital de Matanzas, Cuba

El gran fotógrafo, de 57 años, preparaba, en la isla un filme que iba a dirigir él mismo

El cineasta español Teo Escamilla murió en la madrugada de ayer en la ciudad cubana de Matanzas, víctima de un infarto, a los 57 años. Escamilla, que fue director de fotografía de la película Cosas que deje en La Habana, de Manuel Gutiérrez Aragon, filme que se estrenará en enero en España, había viajado a Cuba para trabajar en el guión de una nueva película ambientada en aquel país, que pensaba dirigir él mismo y que se rodaría integramente en la isla. Escamilla, que se aventuró ocasionalmente en la dirección, era ante todo un fotógrafo eminente, uno de los más relevantes de la historia del cine español.

Teo Escamilla nació en Sevilla en 1940 y dio sus primeros pasos profesionales en el reporterismo de calle, cámara en mano. De la foto fija pasó pronto a la cámara cinematográfica y alcanzó enorme prestigio en la tarea de manejar la cámara, en la que llegó a ser considerado uno de los operadores más diestros de nuestro cine. Se forjó en muchas iluminaciones de su maestro, Luis Cuadrado, y, tras la muerte de éste, él fue heredero directo de su ingente obra y se convirtió en un director de fotografía indispensable. Suya es la luz de muchas películas de Carlos Saura, Jaime de Armiñán, Manuel Gutiérrez Aragón y otros directores básicos en el cine español actual.Escamilla hizo un rápido viaje a Cuba el pasado mes de julio, para rodar tomas de la ciudad destinadas al filme Cosas que dejé en La Habana, y fue allí donde anidó en él la idea de dirigir en ese país una película, motivo que le hizo volver a la isla el sábado de la semana, pasada. Estuvo durante varios días trabajando en este proyecto con el guionista cubano Alberto Pedro y con los actores Jorge Perugorría y Luis Alberto García, que iban a protagonizar su película.

A mediados de esta semana Escamilla decidió tomarse unos días de descanso en Varadero, antes de regresar a Madrid, cosa que pensaba hacer mañana lunes. Fue en el hotel Melía Las Américas, de Varadero, donde Escamilla sufrió un aneurisma el viernes por la noche. El cineasta fue trasladado en ambulancia a las doce de la noche a la zona de urgencias del Hospital Clínico-Quirúrgico de la ciudad de Matanzas, situada a 40 kilómetros de Varadero, y allí falleció, seis horas mas tarde, víctima de un infarto, según informaron fuentes del hospital.

El Consulado de España informó anoche que el cadáver de Escamilla fue trasladado ayer a La Habana para que se le practicase la autopsia en el Instituto de Medicina Legal de la capital cubana. Su hijo Jacobo, que llego ayer a Cuba, deberá decidir si el cadáver del cineasta es incinerado en La Habana o si sus restos son repatriados a España.

Conmoción

La muerte de Escamilla causó conmoción entre los cineastas cubanos que preparaban con él el proyecto de Conciencia y corazón, título provisional de la película que pensaba rodar en Cuba próximamente. Según el actor Luis Alberto García la idea había surgido durante el rodaje de Cosas que dejé en La Habana, en la que participaron él y Perugorría. "A Teo", indicó, "se le ocurrió el proyecto de rodar una película en Cuba con nosotros. Iba a ser la historia de la amistad entre dos trompetistas de un barrio pobre habanero, cuyo máximo sueño era llegar a tocar en Tropicana". La historia transcurría antes de 1959 y de la instauración del régimen castrista en la isla. Escamilla quería recrear el ambiente de la farándula y del mundo golfo de La Habana prerrevolucionaria.Luis Alberto García, que ha rodado en España, además de Cosas que dejé en La Habana, En la puta calle y Mambí, recuerda que, después de los días de trabajo conjunto en La Habana, Escamilla quiso irse a descansar unos días a la playa de Cayo Coco, situada a 500 kilómetros de La Habana, pero no encontró billete de avión y decidió ir a Varadero.

Después de trabajar desde 1965 en numerosas películas como operador, Teo Escamilla debutó como director de fotografía en 1975, en el filme dirigido por Carlos Saura Cría cuervos, que fue rodado en decorados y ambientes naturales. En 1977 hizo la luz de La ciudad quemada, que él llamaba "su segundo debú" porque allí aprendió a moverse en el otro polo del arte de la iluminación y la filmación: los decorados construidos en un estudio. Y, a partir de entonces, su obra como iluminador de alta precisión y no menor refinamiento es una aportación viva, indestructible a la evolución del cine español de la democracia, que tuvo como colofón su trabajo en Las ratas y en la citada, y todavía inédita, Cosas que dejé en La Habana, de Gutiérrez Aragón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de diciembre de 1997