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Aznar presenta los diarios 'robados' de Azaña

El presidente del Gobierno define al político republicano como "un moralista"

El presidente del Gobierno, José María Aznar, estableció ayer un paralelismo entre la figura del presidente de la II República, Manuel Azaña, y la situación actual de España, y destacó entre los consejos "de gran utilidad" para el gobernante de hoy: "Procurar que la acción de Gobierno no se deje sesgar por los climas ni por los titulares de los periódicos, que a veces pueden ser muy veleidosos".Aznar pronunció estas palabras en el acto de presentación del libro Manuel Azaña. Diarios, 1932-1933. Los cuadernos robados (editorial Crítica, de Grijalbo Mondadori) -prologado por el historiador Santos Juliá-, que se celebró anoche en Madrid. El presidente del Gobierno presentó el acto en el hotel Palace, donde unos carteles anunciaban el libro como "los célebres cuadernos robados del presidente Azaña, secuestrados por el franquismo durante más de 60 años".

Aznar confesó haberse interesado por Azaña "desde hace ya muchos años" y dijo: "Yo he leído estos cuadernos con la actitud que lo haría cualquiera en mi lugar, matizada por una curiosidad familiar porque, tal y como suponía, mi abuelo Manuel Aznar es uno de los personajes de la vida civil que en más ocasiones asoma en las líneas del relato de Azaña".

Aznar define a Azaña como "un moralista, alguien que no quiere dejar de consignar el ideal, aunque tema que la adversidad lo haga finalmente imposible". También destaca que a Azaña "la política como espectáculo, como diríamos hoy, no le interesa, como dice con expresión fuerte, le revienta"; sin embargo, "la política sin bajezas", el poder con mayúsculas, le apasiona. Según el presidente del Gobierno, la vida política española ha mejorado mucho con relación a los tiempos de Azaña, porque "quienes gobernamos podemos sentir el impulso y la ayuda de muchos de nuestros colaboradores y también, en ocasiones que sería de desear fueran más frecuentes, de nuestros rivales".

En la lectura de los diarios le llamó la atención al presidente del Gobierno el aislamiento internacional y la poca importancia que tenía entonces la economía para un presidente del Gobierno. Aprovechó Aznar la lectura de los diarios para extraer lo que calificó de "algunos consejos tácticos de gran utilidad: evitar el personalismo, no perder la serenidad, permitir el juego de las instituciones, no pensar con frases hechas, sacar buen fruto de los disparates que cometan los demás", y no dejarse sesgar por "los veleidosos titulares de los periódicos".

Peripecia burocrática

Asistió también al acto la ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre, quien explicó la peripecia burocrática seguida por los cuadernos de Azaña hasta el acto de anoche. Según Aguirre, sus intenciones al recibir los diarios hace ahora un año fueron: verificar su autenticidad, evitar que salieran del territorio nacional, ponerlos a disposición de los historiadores y que se publicaran lo antes posible.Gonzalo Pontón, de la editorial Grijalbo Mondadori, relató el largo proceso seguido hasta recuperar los cuadernos robados. Carmen Franco los entregó a la ministra Aguirre hace un año. Según Pontón, resulta explicable que Franco los retuviese en su poder porque los diarios de Azaña entrañan "demasiada estatura moral para quien sólo se consideraba responsable ante Dios y ante la historia". Los diarios, dijo el editor, eran la expresión de la "lúcida inteligencia de Azaña frente a la saciedad cuartelera", "eran los votos contra los fusiles".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de diciembre de 1997