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"La inauguración del Real ha tenido una repercusión internacional nula"

Stéphane Lissner, ex director artístico del Teatro Real, presentó ayer en Barcelona la nueva edición del Festival de Aix-en-Provence (Francia), que, bajo su dirección, celebrará en julio su 50º aniversario con cinco producciones operísticas protagonizadas por nombres estelares como Claudio Abbado, Peter Brook, Pierre Boulez y Pina Bausch. Con su habitual vehemencia y un saludable sentido del humor, Lissner habló del futuro de la ópera y se despachó a gusto a la hora de analizar la inauguración del Teatro Real. "Con La vida breve, de Falla, el Real ofreció una velada catastrófica de nula repercusión internacional, propia de un teatro de provincias", afirmó Lissner."El Gobierno socialista creía en un proyecto cultural innovador para situar al Real entre los grandes teatros del siglo XXI, pero el Gobierno del Partido Popular lo ha convertido en un teatro provinciano cuyos ecos se apagan a 15 kilómetros de Madrid", explica Lissner, que mostró su satisfacción por el éxito de la producción de Peter Grimes, de Britten, que la compañía del teatro de la Monnaie de Bruselas ha presentado en el Real. "Tiene gracia que la primera producción que ha triunfado en el Real sea el Peter Grimes, que era una de mis grandes apuestas".

Stéphane Lissner comparte plenamente la opinión sobre los males del Teatro Real expresada anteayer en Sevilla por el director español Jesús López Cobos: "Todos los males de mezclar política y cultura se han dado en el Teatro Real". A juicio de Lissner, la injerencia política es cada vez más grave. "El último error bochornoso ha sido la destitución de la jefa de producción, Mercedes Guillamón, que era la única persona que quedaba en la casa sabiendo lo que es un teatro de ópera".

La ópera de Cano

A la hora de considerar la calidad de la ópera Luna, de José María Cano, Lissner también fue contundente: "La ópera de Cano es una imbecilidad, un bodrio tan grande que provoca carcajadas". Lissner opina que el hecho de que en el disco con escenas de Luna intervengan cantantes del prestigio de Plácido Domingo, Teresa Berganza y Renée Fleming no supone garantía de calidad. "El valor artístico de la obra es nulo y sólo puedo explicarme la intervención de Domingo y Berganza por interés económico", comenta. El interés de Miguel Ángel Cortés hacia la obra de Cano es "toda una muestra de la incultura operística y la incompetencia de los políticos que quieren dirigir el teatro", dice.En opinión del director francés, la única manera de conseguir nuevo público para la ópera es "combinar el gran repertorio y las obras maestras del siglo XX" y "confrontar la sabiduría de los artistas consagrados con los nuevos valores". Así, pone como ejemplo la programación del Festival de Aix-en-Provence, en la que los artistas consagrados se dan la mano con los nuevos creadores. Abbado y Brook abrirán la edición con una nueva producción de Don Giovanni, de Mozart; Renée Jacobs dirigirá L'Orfeo, de Monteverdi, con puesta en escena y coreografía de Trisha Brown, y Pina Bausch afrontará su primera ópera dirigiendo la puesta en escena y la coreografía de El castillo de Barba Azul, de Bartók, con dirección musical de Pierre Boulez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de noviembre de 1997

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