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Crítica:DANZA

Trasnochados

El trabajo presentado por La Licorne en Madrid carece de unidad, y es el resultado del experimento del ayer bajo el paraguas de lo que se ha dado en llamar Nueva danza francesa. No puede entenderse que la investigación llegue al público sin un proceso previo de depuración, lo que otros creadores galos sí hacen y han hecho.Gruttadauria arma una velada sobre fragmentos separados donde no hay una verdadera unidad de acción, y por tanto, hay que juzgarlos en su independencia. El paso a dos previo al final es el momento más emotivo y brillante, porque en él se da rienda suelta a una idea y al movimiento en función de un argumento. Sobra y excede al espectador mucho movimiento gratuito y la música, aparentemente moderna, contribuye a ese hastío de la forma. Serge Houppin es un excelente músico, pero aquí se equivoca al tejer sobre los bailarines una partitura hueca y poco imaginativa donde el minimalismo es solamente una apariencia de modernidad. Buenas luces y un eficaz vestuario arropan un trabajo inconcluso donde no hay magia y donde las hadas brillan por su ausencia y donde sólo esporádicamente, surge la magia del baile verdadero.

La Licorne

Hadas... Le Rovaume du Milile.Coreografía: Alain Gruttadauria. Teatro del Instituto Francés. Madrid, 6 de noviembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de noviembre de 1997