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Los carabineros chilenos impiden que miles de simpatizantes de Allende recuerden su muerte

El cementerio general de Santiago, donde reposan los restos del ex presidente Salvador Allende, se convirtió ayer en un campo de batalla. Los enfrentamientos, con piedras, gases lacrimógenos y alguna ráfaga sin consecuencias, se produjeron entre manifestantes izquierdistas que conmemoraban la muerte del mandatario socialista y la policía militarizada de carabineros. Hubo al menos 90 detenidos y cuatro herios leves: tres civiles y un carabinero.

Los chilenos conmemoraron ayer esta fecha con actos de signo opuestos. Unos homenajearon a las más de 3.000 personas asesinadas durante el régimen militar; otros, saludaron al ex dictador y actual jefe del Ejército, el general Augusto Pinochet, quien por última vez celebró este aniversario al mando de la institución castrense.Al término de una misa por las víctimas, oficiada en la capilla del Palacio de la Moneda, a la que asistieron numerosas figuras políticas, Hortensia Bussi, viuda del ex presidente socialista Salvador Allende, dijo confiar que éste sea el último 11 de septiembre festivo, "ya que no hay ningún hecho que celebrar, porque éste es un día de duelo para el país, donde se perdió la democracia y la libertad", y advirtió que con la salida de Pinochet del Ejército, "la transición no ha terminado".

Frente al domicilio de Pinochet, cerca de 300 personas se manifestaron en su apoyo con banderas chilenas, globos y fotos del general, que según la Constitución deberá dejar el mando del Ejército el 11 de marzo de 1998. El jefe de la guarnición militar de Santiago, general Luis Cortés, agradeció a Pinochet por "la libertad que usted nos ha entregado como nación". Éste le agradeció y afirmó que el día es "muy especial para Chile", mientras una banda militar interpretaba marchas y la canción Libre, del español Nino Bravo, que los partidarios del golpe de Estado usaron casi como un himno identificario en los primeros años de la dictadura.

Decenas de ex colaboradores del régimen militar y nostálgicos de esos años (1973-1990) concurrieron al domicilio de Pinochet para saludarle. Uno de ellos, el presidente de la derechista Unión Democrática Independiente, Jovino Novoa, dijo que el golpe de Estado inició la modernización del país y expresó su confianza en que Pinochet ejercerá a partir de marzo sus derechos como senador vitalicio, cargo que le garantiza la Constitución en su calidad de ex presidente. Según él, la historia ha demostrado que la participación de Pinochet como jefe del Ejército en estos últimos años ha sido "decisiva para tener una transición absolutamente normal".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de septiembre de 1997

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