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Crítica:
Crítica

Sólo TravoIta tiene alas

Sabido es que el arcángel Miguel ha sido siempre un ser celestial de armas tomar. Pero ¿y si además de pendenciero y batallador, don Miguel fuese también un poquito fondón, fumador empedernido, consumidor de toneladas de azúcar con el desayuno, desaforado donjuán y con una cierta alopecia en las alas, tuviera la mano dura para provocar rayos y tomados y fuese hasta un poquito maleducado? Desde este punto de arranque, y con la base de dos periodistas que escribieron un reportaje sobre los ángeles, Nora Ephron, ex esposa de periodista famoso y ella misma escritora y cineasta, en unión de su hermana Delia, ha pergeñado un artefacto entre el humor desmitificador y el edulcoramiento de la comedia rosa. Un filme no exento de momentos divertidos, todo sea dicho, como los homenajes a su máximo astro, John Travolta, quien se marca, como en Pulp fiction, unos inspirados pasitos de baile. Pero en todo caso, una película llena de situaciones y personajes de esos que hemos visto ya mil y una veces.

Michael

Dirección: Nora Ephron. Guión: N. y Delia Ephron, Pete Dexter y Jim Quinlan. Fotografía: John Lindley. Música: Randy Newman. Producción: N. Ephron, Sean Daniel y James Jacks, EE UU, 1996. Intérpretes: John Travolta, Andie MacDowell, William Hurt, Bob Hoskins, Robert Pastorelli. Estreno en Madrid: Albufera Multicines, Plaza Aluche, Vaguada.

Por no faltar, tampoco falta la chica alocada y de buenos sentimientos que colecciona matrimonios abortados y que parece siempre dispuesta a enamorarse, un papel hecho a la medida de una Andie MacDowell que además se marca un par de temillas country, para que se vea que la chica no sólo sabe desfilar en la pasarela.

Gracias a los actores

Si el filme se deja ver sin demasiados problemas no es más que porque todos sus responsables parecen creérselo. Para empezar, la propia Ephron, que no pasará ciertamente a los anales por su gusto por la composición del encuadre o por la originalidad de su narración, pero que no está muy lejos de los mejores rutinarios del cine comercial de EE UU de nuestros días: a eso le llaman profesionalidad. Pero sobre todo, los actores, todos ajustados a unos papeles que se toman mucho más en serio de lo que merecen. Travolta, por ejemplo, a quien os años le están haciendo mucho bien, y sobre todo William Hurt, uno de los más grandes, que ilumina siempre la pantalla con su suave ironía, su proverbial saber estar; en suma, con su inmenso talento.

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