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CUENTA ATRÁS HACIA LOS 'OSCARS'.

Hollywood se prepara para el firme avance del cine independiente

Los grandes estudios, con 'Jerry Maguire', luchan contra la favorita, 'El paciente inglés'

Los Ángeles
Hollywood ha bautizado ya la 69º edición de los oscars como "la noche de los independientes". La cuenta atrás hacia los premios (que serán retransmitidos por Canal + la madrugada del martes 25) se ha convertido en una batalla entre el poder de los grandes estudios y la imaginación de las pequeñas productoras: las majors presionan para que venza Jerry Maguire, aclamado por la crítica, líder de taquilla, interpretado por Tom Cruise y único producto cien por cien made in Hollywood que opta a premios importantes.Pero los 5.227 profesionales con derecho a voto tienen, a priori, otra favorita, El paciente inglés (12 propuestas). La gran Lauren Bacall, que opta a su primer Oscar, y el joven Juan Carlos Fresnadillo, único representante español con su corto Esposados, serán otros puntos de atención.

Uno creía que Lauren Bacall ya había ganado su primer Oscar por la primera escena de su primera película: aquella maravillosa entrada en escena en Tener y no tener en la que le pide fuego a Humphrey Bogart. ¿La recuerdan? Con una frase, una mirada y una pose, Bacall traza el retrato perfecto de una muchacha inocente y sabia, dulce y dura, un mito eterno.Pero resulta que no: a Bacall nunca le han dado una estatuilla dorada, aunque sí a sus dos maridos: a Bogart, la de mejor actor por La Reina de África, en 1951; a Jason Robard, la de mejor actor de reparto por Todos los hombres del presidente y Julia, en 1976 y 1977. Así que, a sus 71 años, Bacall se incorporará por primera vez al palmarés en la noche del lunes al martes si consigue el Oscar a la mejor actriz de reparto por su participación en El amor tiene dos caras.

Dicho esto, ya está dicho mucho. Si Bacall no ha ganado nunca un Oscar, la fiesta que se avecina tiene tanto que ver con el buen cine como el desfile del 14 de Julio en los Campos Elíseos con el cerco de Sarajevo: un lejano parentesco.Superados los controles de seguridad de la agencia Pinkerton y aceptadas las normas de protocolo de la Academia del Cine, las Artes y las Ciencias de Hollywood -"sí, llevaré trae esmoquin con pajarita; no, no intentaré acosar a las estrellas fuera de la sala de prensa"-, la ceremonia de entrega de los Premios Oscar tendrá lugar en el Shrine Auditorium -el Auditorio Sagrado- de Los Angeles. Canal + la retransmitirá a partir de las 2.30, hora peninsular española, del martes 25. Como siempre, los organizadores dicen que la verán en directo 1.000 millones de telespectadores en todo el planeta, una cifra que parece algo fantasiosa.

Por quinta vez en su vida, Billy Crystal hará de maestro de ceremonias de una velada que se anuncia desbordante de humor, sentimientos y glamour. Pequeñito y de pelo escaso, oscuro y rizado, Crystal les hace mucha gracia a los norteamericanos y además es políticamente correcto. Su biografía oficial señala que, amén de actor, guionista, director y productor de cine y televisión, lleva 26 años casado con Janice, tiene dos hijas, es un "defensor dedicado de los derechos humanos" y ha participado en muchos programas de televisión destinados a "recaudar dinero para los necesitados de hogar y asistencia médica".

Pero el gran tema de esta edición es la diferencia de criterios entre la Academia y los grandes estudios de Hollywood. Parece que la Academia desea enviar el mensaje de que está en contra de la infantilización y mecanización del cine a la que se están consagrando con entusiasmo los estudios con los llamados event movies, esos altamente publicitados "filmes acontecimiento" que no bajan de una cifra de producción de 100 millones de dólares.

Expresando su discrepancia, la Academia le ha dado un sabor extranjero e independiente a su elección de las cinco favoritas para el Oscar a la mejor película. Tan sólo una de ellas, Jerry Maguire, la interpretada por el guapo Tom Cruise, ha sido producida por un gran estudio de Hollywood. Ninguna de las otras ha salido directamente del seno de Columbia, Warner Bros, Paramount, MGM, Universal Pictures, United Artists, Walt Disney o Twentieth Century Fox. Es la primera vez en la historia de los premios que ocurre algo así.Parte como favorita para el premio a la mejor película El paciente inglés, dirigida por el británico de origen italiano Anthony Minghella, cuyo argumento es un romance imposible con el telón de fondo de la II Guerra Mundial y que se rodó en Europa y en Túnez con actores europeos como Ralph Fiennes, Kirstin Scott-Thomas y Juliette Binoche. Tanto el director como los tres actores compiten, además, por oscars individuales.Raro será que Jerry Maguire, una comedia romántica con "mensaje social" que ha obtenido 140 millones de dólares de recaudación desde su estreno, no se lleve algún premio. Amén de competir por el de la mejor película, sus protagonistas masculinos, Tom Cruise y Cuba Gooding, están propuestos para el de mejor actor y mejor actor de reparto.

Pero volvamos a la polémica. Lo que uno aprende nada más aterrizar en Los Ángeles es que a los grandes estudios no les importa demasiado ganar o no los premios de la Academia. "Aunque a los estudios les gusta cosechar oscars, su principal preocupación es, y siempre ha sido, ganar dinero", dice Tom Pollock, presidente del Instituto Americano del Filme y ex directivo de Universal Pictures. "Si tienen que escoger entre hacer dinero y hacer una gran película, la respuesta es, siempre, "Show me the money ("Enséñame el dinero").La convicción generalizada en EE UU es que ganar dinero a espuertas es la misión que Dios nos dio al traemos a este mundo, pero para los grandes estudios de Hollywood ése es el único mandamiento. Y como el dinero llama al dinero, los grandes están obsesionados con la producción de filmes de presupuestos extravagantes con temáticas de serie B.- acción, ciencia-ficción, catástrofes naturales,terror... Twister, Independence Day y Misión imposible es lo único que les interesa.

Lo curioso es que en el pasado Hollywood no desdeñaba hacer buenas películas que, encima, eran éxitos de taquilla. Desde la citada Tener y no tener y Casablanca a El padrino y El golpe, la historia de los grandes estudios está repleta de filmes tan buenos como rentables. Pero ahora se les quedan pequeños.

Eso está dejando a los llamados indies, las productoras independientes, con capacidad para manejar presupuestos medios (entre 5 y 25 millones de dólares), todo el terreno de las películas con argumento, las películas donde, además de vacas volando o naves marcianas destruyendo la Casa Blanca, hay personas de carne y hueso que tienen historias que contar. Películas que, como demuestran sus buenos resultados económicos, interesan a amplios públicos.

La Academia ha querido echarles una mano, y ahí están bien colocados para los oscars cuatro de sus productos: El paciente inglés, Secretos y mentiras, Fargo y Shine.

Un apunte doméstico. Este año, la presencia española en los oscars se reduce a Esposados, el filme dirigido por el canario Juan Carlos Fresnadillo e interpretado por Pedro Mari Sánchez y Anabel Alonso, que compite por el Oscar al mejor cortometraje de ficción.

Y un apunte nostálgico. Lauren Bacall no es la única persona con verdadero glamour que aspira a conseguir un Oscar en la noche del lunes al martes. El otro es Arthur Miller, escritor y viudo de Marilyn Monroe, al que pueden darle el Oscar al mejor guión adaptado por su recreación en la película El crisol de su obra de teatro Las brujas de Salem. De alguna manera, Bogart y Marilyn también estarán en el Shrine Auditorium.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de marzo de 1997