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"Si la gente no entrega las armas, será la ruina del país"

ENVIADO ESPECIAL"Tengo el fusil escondido debajo de unas tablas de la cocina, nadie puede encontrarlo ahí", dice Bujar con una sonrisa. Camarero ocasional, de 24 años, consiguió un Kaláshnikov por un amigo que participó en el asalto a la armería de la Academia Militar de Tirana, el miércoles pasado. Como Bujar, hay miles de personas en la capital albanesa y cientos de miles en todo el país tras los saqueos sistemáticos de los arsenales de las Fuerzas Armadas y la policía. "Si la gente mantiene las armas en su poder será la ruina del país", ha dicho el primer ministro Bashkim Fino.

El Gobierno ha iniciado esta semana una campaña para intentar convencer a los albaneses de toda edad y condición de que entreguen el armamento robado. En algunos puntos anunciados de Tirana, y en el resto del país, la policía se encarga de recoger el arsenal en manos de los ciudadanos, entre los que no estará Bujar, que afirma sentirse "más seguro y protegido" si es capaz de empuñar un fusil de asalto. Las entregas son por el momento simbólicas, pese a la naturaleza imponente de algunas de las armas en poder de gente que nunca en su vida había visto una de cerca.

La última estadística del Ministerio del Interior cifra en casi 2.500 Kaláshnikov y otros tantos rifles de diferentes tipos los ya entregados por los ciudadanos más colaboradores. Pero también han pasado a manos de la policía 80 ametralladoras, 72 lanzagranadas, siete misiles, casi 2.000 granadas y más de cuatro millones de cartuchos. Con esta ínfima parte de lo que todavía guardan los albaneses en sus casas y campos se podría iniciar una guerra en este pequeño país. Para intentar desactivar esta situación explosiva el nuevo Gobierno multipartidista ha acudido al drástico expediente de triplicar el sueldo de los policías ordinarios, desde 9.000 hasta casi 30.000 pesetas mensuales, y abrir el alistamiento para voluntarios civiles.

Una de las consecuencias del caos de las últimas semanas es que han vaciado las cárceles albanesas. Tanto en Tirana como en otras ciudades y localidades importantes, centenares de hombres sin nada que perder y en posesión de armas y munición casi ilimitada campan por sus respetos en busca de botín y dinero fácil. Una víctima de estas razzias fue ayer el periodista español Ramiro Villapadierna, enviado de ABC, que viajaba junto con un colega francés de Libératión. Ambos fueron asaltados, sin consecuencias, cerca de Kruja, 40 kilómetros al norte de Tirana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de marzo de 1997