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Irlanda, el pequeño "euroentusiasta"

Han pasado 23 años desde que Irlanda, uno de los más pequeños socios comunitarios -3,6 millones de habitantes-, se unió a la UE (entonces un modesto Mercado Común), de la mano de la antigua potencia colonial, e Reino Unido. La relación de in tenso amor entre la República de Eire y Bruselas no ha dejado de crecer desde esa fecha y ha sido confirmada en la reciente cumbre de Dublín.Casi con la misma intensidad ha crecido el escepticismo y la aversión a la UE en Londres. Los británicos, antiguos amos de un territorio que todavía pertenece en la jerga geográfica -y para desesperación de sus habitantes- a las islas Británicas, echan mano de la estricta contabilidad para justificar tanto euroentusiasmo.

La república recibe, es cierto, ayudas estructurales astronómicas de la UE. Sólo en 1994, el dinero invertido por Bruselas alcanzó las 1.318 libras por irlandés (unas 280.000 pesetas). Desde carreteras y edificios históricos hasta oficinas de correos rurales se benefician cada año de los fondos de cohesión. Por cada libra que aporta Eire, Bruselas devuelve cuatro.

Un país moderno

La Irlanda subdesarrollada y rural de los años sesenta ha dado, paso a un país moderno con cifras espectaculares de crecimiento económico -un 10,1% del PIB en 1995-, que empieza a, aproximar su renta per cápita a la media comunitaria.Sin embargo, el euroentusiasmo irlandés no es sólo cuestión de dinero. Siete siglos de dominación inglesa dieron paso a una independencia no del todo real tras casi tres años de guerra en 1921. Irlanda ha seguido viviendo hasta mucho después a la sombra del poderoso vecino británico.

Todavía hoy, decenas de pequeños detalles revelan la intensidad de los lazos del pasado. Los vuelos entre Londres y Dublín son en la práctica vuelos nacionales (no existe control de pasaportes). La información de British Telecom. en el Reino Unido suministra con la mayor naturalidad números telefónicos en la república.

La moneda se llama igual -libra irlandesa frente a la inglesa-, y el idioma es el mismo -los esfuerzos por rescatar el gaélico han sido más ornamentales que reales-. Pero en esta carrera hacia el futuro, hacia la plena diferenciación, Irlanda ha encontrado por fin el aliado perfecto: la Unión Europea. Una idea del poso de resentimiento que esta actitud irlandesa provoca en los sectores conservadores británicos se reflejaba en un artículo publicado por The DailY Telegraph.

"En su apresuramiento por huir de la dominación británica", escribía en el diario londinense su corresponsal en Dublín, "Bruton [primer ministro irlandés] y sus homólogos podrían estar condenando a la república al yugo de un amo menos benigno, [que el Reino Unido] que esperará dividendos por el dinero invertido".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de diciembre de 1996