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Orejas a 100

Algarra / Joselito, Ponce,Rivera

Toros de Algarra Polera, terciados, 1º, 2º y Y anovillados; con movilidad. P y 2º, bravos.

Manejables los demás.

Joselito: oreja; saludos y algunos pitos. Enrique Ponce: división;

silencio. Francisco Rivera:

silencio; oreja.

Plaza de La Glorieta, 17 de septiembre. 6 a corrida de feria.

Lleno.A los viejos sacamuelas, que ofrecían hojas de afeitar, beter -mano negra- peine, billeteras y cosas así a siete pesetas, para ir rebajando a 1,25, entre el general contento de las buenas gentes, los han sustituido, esos establecimientos donde todo se compra a 100 pesetitas, que no es nada hoy en día. En esas tiendas de "Todo a l00", no se venden orejas de toro, porque para eso están las plazas regalándolas. Ayer sin ir más lejos, le hicieron ese regalo a Joselito y a Rivera, sin duda porque la feria está boca abajo, la gente piensa que corrida sin orejas es corrida perdida, y hay un latente deseo de que se corten orejas para pensar que el festejo mereció la pena. La de ayer, siempre partiendo de la relatividad de los hechos, no fue del todo mala. Los toros tuvieron movilidad, hubo alguno que hasta se permitió el lujo de galopar en banderillas (el sexto), otros que se rajaron sin disimulo (el cuarto), pero el tono medio resultó aceptable.

Joselito beneficiado por una de esas orejas baratas que tanto abundan, se mostró frío y pulcro, sobrio también. En el cuarto, se desasosegó bastante cuando al toro le dio por andar, y se sacó de la manga una nueva suerte, la "rabocina", que consiste en sujetar del rabo al toro cuando tiende a irse. No es nada de risa y necesita un cierto temple, porque no vale quedarse con pelos en la mano y sí, en cambio, debe tener contundencia para que el toro se dé por enterado.

Ponce, se pasó la tarde rectificando distancias ante el segundo, y se desinfló ante el quinto, realmente inválido, optando por la brevedad que es virtud que uno agradece.

Rivera, que usa una muleta que parece muletita al lado de, la de sus colegas, se mostró fácil en su primero, siempre al hilo del pitón, y valiente y decidido en el sexto. Al matarlo se encunó y salió por los aires, con lo que los más avisados predijeron que la oreja estaba al caer, como así fue. Estando las orejas "a l00", hay que aprovechar la ocasión.

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