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TOLEDO

Sólo se arrimó Litri

Allí estaba Litri, haciendo el tercero en el cartel, junto a dos compañeros de los que torean con el mando a distancia y el culito fuera: dos toreros de los que no se arriman. Litri se arrimó y se llevó el gato al agua, como suele decirse. Para él fueron las ovaciones, los trofeos y el paseo sobre los hombros de un individuo en camisa y fortachón. Para los otros la vergüenza y el irse más corridos que una hembra del chimpancé.Los otros dos espadas eran Ortega Cano y Emilio Muñoz, especialistas en el toreo desde lejos. En otros tiempos, no sé si mejores pero distintos, cuando un diestro toreaba así siempre salía alguna voz del tendido que le decía: "¡arrímate!". Hoy, lo más que se oye, en boca de esos neoaficionados de Las Ventas, que van más a comer y a beber que a ver torear, es eso de "¡crúzate!". Cuando el toro acude al primer toque, el torero no necesita cruzarse. Esos neoaficionados lo que deben decir es "arrímate". Porque un torero se puede cruzar y seguir toreando después a metro y medio de distancia.

Guadalest / Ortega, Muñoz, Litri

Toros de Guadalest (dos rechazados en el reconocimiento), de aceptable presencia; 2º y 6º, nobles e inválidos; 3º, incierto; 4º, boyante y sin fuerzas. Dos de Gabriel Rojas: 1º anovillado, noble, sin fuerza; 5º, anovillado, manso, con sentido.Ortega Cano: dos pinchazos, media estocada, rueda de peones y dobla el toro (silencio); dos pinchazos, estocada contraria, rueda de peones y descabello (silencio). Emilio Muñoz: cuatro pinchazos -aviso con retraso- media estocada, rueda de peones y descabello (silencio); cinco pinchazos y cuatro descabellos (pitos). Litri: estocada (oreja), estocada tendida (dos orejas); salió a hombros. Plaza de Toledo. 9 de junio. Segunda corrida de las Fiestas del Corpus. Media entrada.

Ortega Cano practicó durante sus dos actuaciones el toreo de lejanía. En su primer toro, de escasa fuerza y recorrido, anduvo dando medios pases con desconfianza. Y en su segundo, el mejor del encierro, pasó despegadísimo, sin aguante, con algún molinete con regate. En el trance final, mejor es callarse.

También anduvo Muñoz con un toreo similar. Al inválido que salió en segundo lugar le marcó los viajes a media altura hasta que el toro se cayó. No quiso ni ver al quinto, un novillito sin fuerzas que se frenaba y buscaba los tobillos.

Litri toreó con más apreturas, aunque abusó del empleo del pico y el sexto lo desarmó en tres ocasiones. Sus dos faenas fueron similares, con los mejores momentos en ambas fases finales, cuando se embraguetó en los derechazos. No faltaron los molinetes de rodillas.

Se fue recto y decidido tras el acero en los dos toros y dejó las estocadas en la cruz. Fue suya la tarde porque estuvo animoso, decidido y hasta torero en algunos instantes. Y porque se arrimó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de junio de 1996