CÓRDOBA

¿Quien paga la cena?

La empresa debería haber incluido en la entrada el servicio de catering. Hubiera sido una novedad gozosa, dentro de una corrida que discurrió de forma impresentable. Unos toros inválidos y unos inútiles cabestros alargaron la corrida por encima de las tres horas.Los empresarios, con lo que se ahorraron por no pasarnos la cena, bien podían enviar a los cabestros y cabestreros a un master de ésos tan al uso, por aquello de adquirir conocimientos. Así evitarían repetir el numerito de Córdoba. Dicen que tienen firmadas, los cabestros, las corridas del Corpus de Granada. ¡Bendita suerte la de los empresarios! En Granada el personal se lleva la merienda a los toros.

El que también se tomó a chufla la corrida fue el sobrero de Murube. Corraleado toda la feria, saltó al ruedo y se le soltó la barriga. Vamos, que se cagó. La rechifla continuó al verlo huir de los capotes. El manso debió resultarle simpático al presidente, que cayó en la inexplicable tesitura de mandarlo a chiqueros. Afortunadamente, alguien lo sacó de dudas y ordenó la salida de los picadores. Victoriano García terminó picándolo en el platillo de la plaza. Y Aparicio lo mató a sartenazos.

Zalduendo / Litri, Aparicio, Barrera

Toros de Zalduendo (uno y un sobrero devueltos por inválidos), sin fuerza. 2º, segundo sobrero, de Murube.Litri: ovación y silencio. Julio Aparicio: silencio y bronca. Vicente Barrera: vuelta y aplausos. Saludó en banderillas El Mangui. Plaza de los Califas, 31 de mayo. 8ª corrida de feria. Menos de media entrada

A tanta inutilidad habrá que sumar la falta de casta del encierro de Fernando Domecq.

Allí estrellaron sus deseos, bajo distintos parámetros, Litri, Aparicio y Barrera. El valenciano, con sus maneras amanoletadas, gustó en la tierra del Califa. Litri se quedó con las ganas de torear a sus, enemigos. Puso voluntad y el público se lo agradeció. A Aparicio lo tuvo que mirar ayer un tuerto. Su lote, de cuatro toros, fue el que desquició la corrida. No tuvo culpa de nada.

Posdata. El Bombero Torero actuó a partir de las doce de la noche. Se lo juro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 31 de mayo de 1996.

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