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Crítica:CINE
Crítica

Tres amigas en una piscina

Dada la complejidad de las tareas de dirección que acarrea una película, a pesar de las muchas personas que colaboran en su realización, son muy pocas las que aparecen firmadas por más de una. Mujeres (a flor de piel) es una de las raras excepciones a esta regla, no tanto por ser dos los directores, sino sobre todo por ser de diferente sexo, Patrick Alessandrin y Lisa Alessandrin. El resultado de una de sus primeras experiencias en el terreno de la realización es esta desigual coproducción entre Francia y España, ambientada en París en época actual, pero que tiene algunos interiores que claramente se han rodado en España. Narra las aventuras erótico-sentimentales de tres jóvenes amigas, que todos los domingos van a nadar a una gran piscina cubierta, durante unos meses de su vida.A pesar de lo demasiado excepcionales que son sus respectivas historias, el conjunto despide un cierto encanto a pesar de sus evidentes errores. Más allá de que la única casada decida prostituirse para conseguir algún dinero, otra sea virgen y tenga un complejo de Edipo y la tercera acabe, textualmente, con las bragas desgarradas cada vez que se acerca a un hombre.

Mujeres (a flor de piel)

Directores y guionistas: Patrick Alessandrin y Lisa Alessandrin. Fotografia: Javier Aguirresarobe. Música: Dele Ski Shekoni. Francia, España, 1995. Intérpretes: Marine Delterme, Florence Thornassin, Amira Cassar, Alex Casanovas, Vicent Cassel, Manuel de Blas y Marie Laforet. Estreno en Madrid: Madrid.

La razón de la cierta verdad, el relativo encanto y el determinado interés que despide Mujeres (a flor de piel) reside en el trabajo de sus tres protagonistas. Tanto las francesas Marine Delterme y Florence Thomassin como la española Amira Cassar tienen un gran atractivo personal y ha sido bien aprovechado por la pareja de realizadores en beneficio de sus respectivos personajes. En algunas ocasiones consiguen superar lo mucho que tanto los personajes como la historia tienen de tópico, pero sin llegar a salvar en ningún momento el tono demasiado convencional qué tiene la película en su conjunto.

Dentro de su muy desigual y fallida escritura, donde conviven escenas de una gran viveza por el señalado trabajo de sus tres protagonistas con otras que destilan una gran falsedad por la excesiva presencia de sus directores y guionistas, otro de los atractivos de la película es su fotografia, de Javier Aguirresarobe.

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