Répide
Acaba de reeditarse, con el sello de Ediciones La Librería, la obra más importante del escritor Pedro de Répide, la única, en realidad, que conserva su vigencia entre las que escribió el bohemio y estrafalario cronista que recorrió las redacciones, las tabernas y las tertulias del Madrid del primer tercio de siglo. Me refiero a Las calles de Madrid, recopilación completa de historias y leyendas relacionadas con el callejero madrileño.Los artículos que componen el libro fueron publicados originalmente en el diario La Libertad, y no aparecieron en forma de libro hasta que los editó Afrodisio Aguado en 1971. Se hizo una reedición en 1985 y ahora aparece el libro corregido y revisado por Isabel Gea Ortigas. Répide era un buen prosista, y aquí lo demuestra. El libro se lee con gusto, calle por calle, y es en cualquier caso un magnífico fondo de documentación madrileñista que supera los trabajos que, antes que Répide, compusieron Capmani y Montpalau, Fernández de los Ríos o Mesonero Romanos.
Pedro de Répide, "cronista de Madrid en la época del tacón rojo", como de él escribió Umbral, era hombre elegante que vestía capa madrileña, llevaba el rostro empolvado, se repeinaba con raya en medio, usaba monóculo y se ponía alzas en los zapatos. Construyó su personalidad literaria inventando leyendas, como la de que era descendiente de una reina de Chipre; y no, tenía el menor interés en desmentir el rumor de los mentideros según el cual era hijo de Isabel II. Lo que sí es cierto es que trabajó como bibliotecario en el palacio de Castilla de París, donde vivía la reina desterrada.
La obra propiamente literaria de Répide se olvidó pronto. Nadie le conocía ya en Madrid en 1947, cuando volvió de Venezuela como republicano reconvertido. Había escrito gran número de novelas costumbristas, de las que la de mayor éxito fue Del Rastro a Maravillas, relato de buena prosa toda llena de puestos de sandías, pañuelos de flores, chicas con boa y organillos, muchos organillos. Las calles de Madrid, periodístico en su origen, ha resultado ser su obra más permanente.
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