El Gobierno británico cancela la construcción de dos nuevas centrales nucleares
Brítish Energy inicia el fin de la era atómica en el Reino Unido
La energía nuclear parece haber perdido la batalla en el Reino Unido. En vísperas de su privatización el verano próximo, British Energy, la compaña que controla las centrales nucleares británicas, anunció el lunes por la noche la cancelación de un proyecto de construcción de dos nuevas plantas que habían recibido la luz verde del Gobierno tras largas deliberaciones. A los 50 años de su entronización en el Reino Unido, bajo la bandera del progreso y la modernidad, las centrales nucleares parecen haber completado su ciclo vital en este país. Es el fín de una era.
Auténtica bestia negra de los ecologistas durante los últimos ocho años, la energía nuclear no ha sufrido, sin embargo, este último revés de sus enemigos naturales. Han sido, paradójicamente, los informes negativos suministrados por los especialistas de la City londinense los que han decidido a los responsables de British Energy a cancelar el proyecto. La tarea de los gestores de empresas nucleares es ahora limpiar el legado de basura de 50 años de experimentos fallidos", en palabras de los activistas verdes.Sizewell C y Hinkley C, las dos nuevas centrales que han regresado al cajón de los proyectos, representaban inversiones de más de 5.000 millones de libras (casi un billón de pesetas) y unos 18.000 puestos de trabajo, 10.000 de ellos en el, sector de la construcción.
Robert Hawley, director ejecutivo de British Energy, culpó de la decisión a la caída de los precios del gas que hacen inviable la inversión en una energía mas problemática, como es la nuclear, y menos competitiva., Una vez que el Gobierno británico retiró la subvención de mil millones de libras para la construcción de ambas centrales nucleares, la empresa, que pasará en breve a manos privadas, ha comprendido el riesgo económicó que corría.
Con 16 centrales nucleares en funcionamiento, el Reino Unido obtiene casi el 30% dé la energía de esta discutida fuente. Sin embargo, la vida relativamente corta de las centrales nucleares y los elevados costes de tratamiento de los residuos radiactivos que generan las han convertido, al menos a medio plazo, en antieconómicas.
La primera planta nuclear británica, Berkeley, inaugurada en 1962, concluyó su vida operativa en 1989, cuando el, Reino Unido se planteó una moratoria para debatir la construcción de nuevas plantas nucleares. La última central construida, Sizewell B, con su potente reactor de agua a presión de 1.258 megavatíos, entró en funcionamiento en febrero de este año y estará en marcha hasta el año 2045.
Diversos especialistas en energía han criticado a British Energy por adoptar una decisión tan grave basándose exclusivamente en criterios de rentabilidad inmediata. Con la práctica totalidad de las minas de carbón del país cerradas, la alternativa de depender más del gas, cuyos precios no tienen por qué permanecer eternamente bajos, es contemplada con inquietud por sectores industriales. Por no hablar de los sindicales. Los trabajadores del sector eléctrico acogieron con preocupación una noticia, llena de sombrías perspectivas para los 9.500 obreros de las plantas nucleares británicas. "Tirar la toalla ahora, cuando ni siquiera se ha iniciado la privatización, demuestra que el interés inversor va a concentrarse en métodos alternativos de generar electricidad con la vista puesta en la rentabilidad a corto plazo", según Topy Cooper, secretario del sindicato.
Sin embargo, Greenpeace, el mayor grupo ecologista del mundo, celebró lo que considera una, decisión sensata. "Nadie en su sano juicio invertiría en una nueva central nuclear con el riesgo financiero y ambiental que esta energía representa".
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