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Sin que sirva de precedente

Los responsables de la Gerencia de Urbanismo no han sido siempre tan comprensivos con los infractores de la legalidad como se proponen serlo con los dueños del vertedero de Las Cárcavas. En mayo de 19941 Manuel Jiménez, de 45 años y padre de cuatro hijos, se prendió fuego a lo bonzo ante el técnico municipal que ordenó tirar su negocio. Jiménez poseía un aparcamiento para camiones (el único del que este periódico tiene conocimiento) junto a la N-II cuya situación era ilegal, puesto que el terreno estaba calificado como rústico.

Urbanismo consideró "ilegalizable" el aparcamiento, a pesar de que también Madrid necesita aparcamientos para camiones, y Jiménez tenía ese negocio como único ingreso para mantener a su familia.

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