La mujer no es un hombre incompleto ni le preocupa la ausencia de pene

Cien años de psicoanálisis parecen haber apagado toda duda respecto a que la sexualidad de la mujer se configura en la infancia por la identificación de su propio sexo, a través de la madre, y las dificultades surgidas de esa relación, y no porque delire por no ser un hombre, como inicialmente pensó Freud. Pero esa autoafirmación de la esencia sexual femenina no ha sido un camino fácil, ni siquiera en la teoría psiconalista más ortodoxa.

Terttu Eskelinen, psiconalista finlandesa y presidenta en los cuatro últimos años de la Federación Euruopea de Psicoanálisis, manifiesta abiertamente su protesta por esta idea de la mujer como un hombre incompleto. "El propio Freud, que fue un genio al que critico en este aspecto, construyó la identidad femenina desde el hombre, aunque esto le preocupaba. Él mismo animó a sus seguidoras a investigar esta carencia, que él consideraba el continente oscuro de sus teorías. Pero muy pocas mujeres psicoanalistas, a excepción de Melani Klein y algunas otras siguieron esta línea investigadora. Hoy es ya evidente que las niñas tienen sus propias angustias sexuales y no es precisamente la ausencia de pene lo que les preocupa".

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Potencial histérico

En su informe sobre la histeriay la identidad sexual, y social de la mujer, Eskelinen afirma que "injustamente, la sociedad fomenta una opinión sobre la femineidad que exacerba potendialidades histéricas". Para ella, "la glorificación de esa imagen de mujer objeto, infantilizada, afecta abusivamente tanto a la mujer como a la sociedad".La queja femenina respecto a su situación social y personal es algo completamente distinto de la histeria, en su consideración tradicional. Según Eskelinen, "la situación de la mujer es aún muy difícil, y, si se queja frenéticamente, la califican de histérica, cuando la verdadera histeria no tiene ningún contacto con la realidad de su angustia. En realidad, sólo persigue una escenificación que la coloque en el centro de atención".

"Existe una gran confusión en la imagen que se ha divulgado de una femineidad mezclada con manifestaciones histéricas.

Pero hay que distinguir entre la queja que busca comprensión e incluso las manifestaciones frenéticas que algunas mujeres pueden hacer praa tratar de unir su mundo interno con el externo, de la histeria. La verdadera histérica hace una negación tanto de su realidad psiquica como del entorno".

La psicoanalista añade que la confusión creadas en torno a la identidad de la mujer no ha sido mantenida exclusivamente por hombres. Tanto hombres como mujeres tienen un a gran ambivalencia hacia la figura de la madre y el reconocimiento de la larga dependencia que han tenido de ella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 05 de noviembre de 1995.

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