Otro portazo
Hubo un famoso portazo en la historia del teatro y de la mujer: el de Nora en Casa de muñecas, de lbsen, huyendo de su marido. Desde entonces no dejan de aparecer estas sublevadas contra su condición; quiero decir que la situación de inferioridad sigue existiendo. La Diatriba del amor contra un hombre sentado es un monólogo; en realidad, un diálogo con un marido de escayola. Otro monólogo de ese orden es Le beau indiférent, de Cocteau: sólo que el indiferente era un actor de verdad. Que encajaba.
La obra de García Márquez va más allá. Está a veces más definida esta condición femenina porque se refiere a una región caribeña que tiene su machismo propio; y tiene un contenido fuerte de lucha de clases. La parte de la que está García Márquez es, como siempre en sus obras, la de la lucha contra la opresión: contra la aristocracia, el poder o el "criminal político", contra el enriquecimiento brutal.
Diatriba del amor contra un hombre sentado
Gabriel García Márquez. Intérprete. Laura García. Escenografía: Juan Antonio Roda y Diego Obregón. Dirección: Ricardo Camacho. Teatro Libre y Teatro Nacional de Colombia. Festival de Otoño 1995. Teatro de la Abadía.
Lo que la distingue notablemente de los dramas conyugales burgueses es la diferencia de clases: la mujer es pobre, pero se ha cultivado y ha mantenido sus sentimientos; el hombre pasó a la riqueza y perdió el carácter que parecía tener.
Todo lo que tiene ese resumen de esquemático y simplificador es injusto: el relato está ideado magistralmente, con las sucesivas transiciones, y escrito con una palabra rica y evocadora. Oírlo es un placer.
La actriz Laura García es excelente. Su intensidad se duplica: está lo que dice, con fuerza, y también lo que hace simultáneamente: una mujer rica en su tocador -boudoir, se decía antes-, con sus afeites y sus gimnasias, fumando continuamente, iracunda, a veces evocadora.
El director, Ricardo Camacho, ha querido llenar de acción el escenario para que no se le vuelva aburrida: creen los de teatro que la acción interior nunca basta, y a veces se sobrepasan. Puede que la necesidad del movimiento perpetuo influya en la actriz y distraiga de la percepción del texto que, en este caso, es fundamental.
He visto la obra unviernes por la tarde: el teatro estaba lleno de. gente, y puede que el número de mujeres, solas o en grupo, duplique al de hombres. No es una calificación: es una estadística. En todo caso, el entusiasmo es colectivo.
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