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POP

Parafernalia y don

Volvió a la sala Aqualung el polémico músico de Manhattan, Terence Trent D'Arby: compositor, productor, arreglista e intérprete de todos los temas que se incluyen en los cuatro trabajos editados hasta el momento. Vibrator es su última entrega, fuera ya de aquellos tres primeros discos con títulos apocalípticos, casi bíblicos, que pretendieron ser una trilogía surgida de un sueño del músico anterior a la fama y previo a la consecución de un trono cercano al sillón vacío de Prince.Cuando D'Arby se sube al escenario ya se sabe que hasta pasadas dos horas y media no lo va a abandonar, porque el paseo que prepara con su repertorio incluye la mayoría de las canciones que mejor y más profundamente han quedado grabadas en la memoria colectiva de su público. Junto a una banda de cinco músicos, intérpretes pulcros y sin mayor protagonismo que el de acompañar correctamente al cantante, atravesó intensamente unas canciones siempre densas.

Terence Trent d'Arby

Louis Metoyer (guitarra), Dave Judy, (saxo y percusiones), Kevin Wiatt (bajo), Stephen Theard (batería), John Pahmer (teclados). Sala Aqualung. Entrada: 2.900 pesetas. 6 de junio.

La voz de D'Arby deja patente, por encima de todo, su excepcional don para cantar sin esfuerzo alguno; porque si hay algo natural en toda su parafernalia musical son sus cuerdas vocales, apoyo inconfundible a unas composiciones de momentos brillantes y minutos interminables.

El barroquismo de Terence, reforzado en Vibrator por una sofisticación perfectamente estudiada, surgió en su directo desde un mayor énfasis en el sonido eléctrico de unas guitarras que no dan la espalda a los padres de su música, en la que James Brown tiene reservado un espacio muy especial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de junio de 1995