Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La Guardia Civil linvestigó a 21 agentes de Intxaurrondo, pero sólo aporto pruebas contra uno

., La Guardia Civil investigó a 21 agentes del cuartel de Intxaurrondo (San Sebastián) en relación con la presunta corrupción que en 1989 denunció el fiscal Luis Navajas, se gún escritos internos. Sólo se aportaron pruebas contra uno de ellos. La dirección del instituto armado había puesto en marcha previamente la Operación Arca de Noé, que saboteó la investigación oficial. Muchos implicados habían participado en "acciones clandestinas contra ETA". Un cabo infiltrado en la red de corrupción de mostró que había cobrado en cinco meses 1,5 millones, en sobornos de traficantes.

El capitán del SIGC (Servicio de Información de la Guardia Civil) Juan Manuel Castañeda Becerra abrió en abril de 1988 una investigación para captar en el País Vasco confidentes válidos para la lucha antiterrorista. Con este objetivo entró en contacto con, un contrabandista, Bonifacio Sagarzazu Virto, que había sido detenido por su implicación en un importante alijo de hachís.Este narcotraficante desveló que su grupo actuaba en connivencia con diversos miembros de las fuerzas de seguridad. El capitán Castañeda infiltró en la red delictiva al cabo Antonio Cruz Sánchez Castellanos, del servicio antidroga de la Guardia Civil en Guipúzcoa.

Enrique Rodríguez Galindo, responsable del cuartel donostiarra de Intxaurrondo como teniente coronel, conoció la infiltración del cabo Cruz y la comunicó a la dirección del instituto, junto con la denuncia de ocho de sus subordinados y la recomendación de que fueran destinados a otros lugares, lejos de Intxaurrondo.

La investigación de Castañeda siguió adelante sobre otros objetivos. El cabo infiltrado se aproximó al guardia Antonio Pablo Tejeda Solo mando, destinado en el grupo antidroga donostiarra.

Un informe secreto de la Guardia Civil refleja lo siguiente: "Tejeda Solomando formaba parte de un grupo de miembros de la 513ª comandancia [Guipúzcoal compuesto por Enrique Dorado Villalobos, Fabián Dorado Villalobos y Juan Pedro Moreno Rey, que trabajaba para José Antonio Santamaría Vaqueriza (de la red de los vascos y en relación con la de los gallegos o de Marcial). Existía otro grupo, también de miembros de la 513ª comandancia, formado por José Rancaño Fernández, Francisco Hermida Bouzas, Luis Sandoval Campos y Alfonso Vicaría Hevia, que trabajaba a las órdenes de los contrabandistas Carballo y Ezcurdia".Sobornos y antiterrorismo

El informe de la Guardia Civil añade que "cada uno de los individuos señalados percibía 250.000 pesetas en contrabandos pequeños y 500.000 pesetas en alijos de mayor importancia, especialmente por aquellos que se descargaban en la zona de Pasajes. Todos o la mayor parte de los individuos indicados habían intervenido en acciones clandestinas de la lucha antiterrorista"

Tejeda Solomando preparó para el cabo Antonio Cruz, el infiltrado, una reunión con Santamaría Vaqueriza -que posteriormente fue asesinado por la banda terrorista ETA -en el restaurante Rekondo, según documentos internos del instituto armado. Asistieron con el topo los presuntos traficantes Pedro Migueli y Santamaría, y, por parte del instituto armado, los hermanos Dorado Villalobos, Moreno Rey y Tejeda.

"Santamaría le expuso las condiciones de su trabajo, que estribaban en no mandar a ningún miembro de su grupo del GIFA (Grupo Fiscal y Antidroga de la Guardia Civil) de servicio por la zona que se le indicase cuando se fuera a realizar una operación, comunicar cualquier información que obtuviese relacionada con la misma y permanecer en Intxaurrondo en tanto se estuviese ejecutando", se relata en un documento interno del instituto armado. "Santamaría le indicó que por cada operación, y según su volumen, recibiría 250.000 o 500.000 pesetas y que en una próxima entrevista se le entregarían 500.000", se añade en dicho escrito.

El guardia espía "fue convocado a otra reunión que se celebró en el restaurante Bretxa y a la que asistieron los mismos individuos que en la anterior, con la excepción de Tejeda Solomando. Durante la comida, Enrique Dorado le entregó las 500.000 pesetas prometidas y, en un aparte, le propuso que si contactaba con el grupo de Rancaño, Hermida, Sandoval y Vicaría, el dinero que pudiese recibir aquellos lo repartiese con él a cambio de protección y seguridad".

El cabo Cruz Sánchez, con conocimiento del capitán Castañeda, abrió una libreta en el banco Central para ingresar tales sobornos. Ambos, suscribieron un acta notarial para dejar le a salvo de las pruebas de cohecho que se perseguían obtener durante su actuación. El acta, según ha podido comprobar este periódico, se levantó en julio de 1998 ante el notario de Vitoria Enrique Arana.

"Poco antes de la marcha del guardia Tejeda hacia su nuevo destino, concertó al cabo Cruz una cita con el guardia Francisco Hermida Bouzas que encabezaba el grupo de protección formado por Rancaño, Sandoval y Vícaría. Durante la misma, Tejeda propuso a Cruz integrarse en el grupo para trabajar a las órdenes de Carballo y Ezcurdia por las zonas de Pasajes, Orio y Zumaia".

"Pasado un tiempo, Enrique Dorado Villalobos citó en Amara al cabo Cruz participándole que esa misma noche iba a introducirse por Igueldo un contrabando. El cabo actuó según lo pactado. Al día siguiente, Enrique Dorado le entregó 250.000 pesetas por su trabajo. Posteriormente, esta misma acción se repitió en tres o cuatro ocasiones más. En todas ellas asistió para efectuar las entregas de dinero Pedro Migueli, el cabo Enrique, Dorado y, en alguna ocasión, el propio Santamaría Vaqueriza", se dice en el informe.Ruptura del 'topo'El cabo Cruz rompió con el grupo de guardias colaboradores. El dinero ingresado en su libreta del Banco Central procedente de sobornos ascendía a 1,5 millones en menos de cinco meses. En noviembre de 1990, la prensa difundió el informe Navajas. Un mes después, la Guardia Civil abrió la operación secreta Arca de Noé, en la que se realizó un sabotaje contra la investigación oficial.

El instituto armado sólo aportó pruebas a la Justicia contra el sargento Enrique Dorado Villalobos, y porque ello era insoslayable para explicar los sobornos al infiltrado. No se obtuvieron resultados contra ninguno de los ocho guardias denunciados internamente por el topo ni contra los ocho que denunció el coronel Galindo ni contra los otro cinco nombres no coincidentes que aportó en su informe el fiscal Luis Navajas. Un total de 21 agentes investigados. Un solo preso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de mayo de 1995

Más información

  • Un cabo infiltrado entre contrabandistas demostró que le intentaron sobornar con 1,5 millones