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De bastiones rebeldes a poblados fantasmas

F. O. Los primeros periodistas nacionales que, a invitación del Gobierno, visitaron el domingo Guadalupe Tepeyac y Aguascalientes (población aledaña) se encontraron con dos poblados fantasmas. Gúadalupe Tepeyac, el bastión más importante de la guerrilla zapatista, es hoy un lugar deshabitado pero fuertemente vigilado por los paracaidistas del Ejército que desde hace tres días constituye la única población del lugar.

En esa zona se celebró la primera Convención Nacional Democrática (CND), lugar entonces de peregrinación de casi toda la intelectualidad mexicana, y también allí se organizaron los primeros desfiles en formación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), incluido un escuadrón a caballo comandado por el propio Marcos.

Hoy Guadalupe Tepeyac, el otrora territorio ocupado que algunos idealistas llamaron la capital zapatista, es el principal botín de guerra del Ejército mexicano y así lo exhibe. El general Ramón Arrieta, jefe de los paracaidistas que ahora controlan la zona, reveló que unidades especializadas se encuentran ya apostadas en la línea fronteriza con Guatemala para evitar que la desbandada zapatista pase a aquel país. Lo mismo ha hecho al otro lado el Ejército guatemalteco.

El Gobierno mexicano reiteró el domingo su invitación a los zapatistas a acogerse a un decreto de amnistía que tiene previsto promover el presidente Zedillo.

Estados Unidos manifestó ayer no tener constancia de que el Ejército mexicano haya bombardeado poblados civiles, según aseguran los zapatistas, pero hizo un llamamiento a respetar la ley y los derechos humanos. Por su parte, la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchu y el director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, instaron ayer en París a que se abra una vía de negociación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de febrero de 1995