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ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS

Clinton tendrá enfrente un Congreso más hostil

El presidente estadounidense, Bill Clinton, se verá obligado a lidiar con un Congreso más hostil y más polarizado ideológicamente como consecuencia de las elecciones parlamentarias celebradas ayer en Estados Unidos. El ascenso de la oposición hará más dificil la labor de aprobar las iniciativas del programa legislativo de la Casa Blanca, entre ellas, la reforma sanitaria, y obligará a Clinton a rebajar sus viejas aspiraciones de cambio para buscar el apoyo de congresistas republicanos, sin los cuales será prácticamente imposible gobernar a partir de ahora Estados Unidos.

A falta de conocerse los resultados exactos de los múltiples comicios celebrados ayer, se daba por seguro que la segunda mitad del mandato de Bill Clinton será un verdadero calvario en el Capitolio. Los republicanos no sólo tenían casi garantizada una presencia mayor en ambas cámaras -quizás la más alta en cuatro décadas-, sino que muchos de sus candidatos llegan al Congreso con un programa marcadamente más conservador que los anteriores.Los moderados pierden terreno. También en las filas demócratas, donde la mayoría de sus viejos líderes liberales siguen adelante, se acentúa una tendencia hacia la izquierda como reacción a la explosión derechista entre los republicanos.

Todo ello deja un panorama inquietante para el presidente Clinton, que todavía no ha conseguido poner en marcha el grueso de su programa y que terminó sus dos primeros años de mandato con imagen de ineficacia y baja popularidad.

La Casa Blanca confiaba todavía anoche en que la fuerte campaña desarrollada por Clinton en los últimos días haya servido para reducir el margen de victoria republicana. La portavoz de la presidencia, Dee Dee Myers, pronosticó ayer que los demócratas mantendrían el control tanto del Senado como de la Cámara de Representantes. Eso significaría casi una victoria, en comparación con los pronósticos catastrofistas.

Pero, sean cuales sean los resultados finales, lo que parece cierto es que el Congreso queda prácticamente dividido en dos mitades idénticas, sin posibilidad de que ninguno de los dos partidos imponga su criterio. Lo único que se podrá imponer será el obstruccionismo.

Los analistas temen que el bloqueo que los republicanos ejercieron sobre las propuestas en la Casa Blanca en los últimos meses del anterior Congreso se acentuarán ahora. Con mucha más razón por estar a sólo dos años de las próximas elecciones presidenciales, un tiempo en el que la oposición va a tener muy poco interés en darle victorias legislativas al presidente.

Para Clinton, la única manera de hacer aprobar sus leyes será negociarlas con los republicanos. Ello puede obligar a reducir tan drásticamente sus aspiraciones de cambio que todo el programa con el que Clinton fue elegido -reforma sanitaria, beneficencia pública, reforma de la ley electoral, legislación contra los lobbies- quede desvirtuado en estos dos próximos años.

Tal vez la única ventaja para Clinton radica en el mensaje que los norteamericanos han enviado a su clase política en esta campaña electoral: total disconformidad con la forma en que Washington trabaja. Si los republicanos insisten en una línea de obstruccionismo y la Casa Blanca es capaz de hacer entender a los ciudadanos que la oposición es responsable de la inoperancia del Gobierno, Clinton puede, a la larga, salir favorecido.

Pero esos no son, por el momento, los planes de la Administración. El propio presidente ha manifestado que está dispuesto a colaborar con cualquier congreso que salga elegido. Y la Casa Blanca piensa ya en la lista de los parlamentarios republicanos sobre los que se intentará influir. El problema es ¿quiénes son esos parlamentarios?

De la mano del representante por el Estado de Georgia Newt Gingrich, nuevo abanderado del conservadurismo republicano, los congresistas de ese signo han mostrado más disciplina de partido de la que suele ser habitual en Estados Unidos. En septiembre pasado todos ellos marcharon juntos para respaldar el Contrato con América, una guía de acción política de la oposición para los próximos meses.

"Mándalos al diablo"

En ese contexto, será mínimo el margen de maniobra del presidente Bill Clinton, que puede acabar como Harry Truman en su campaña de 1948, pidiéndole al pueblo norteamericano, en referencia a los congresistas: "Mándalos al diablo". Los republicanos necesitan ganar 40 asientos más para obtener la mayoría en la Cámara de Representantes, y robar siete escaños demócratas para controlar el Senado. Newt Gingrich considera que ambos objetivos están al alcance de los republicanos, y que, cuando eso ocurra, "el pueblo norteamericano apreciará la diferencia". Sería la primera vez en 40 años que los republicanos tuviesen mayoría en ambas cámaras.Otras, elecciones, para elegir gobernadores en 36 estados, así como diferentes referendos se celebraron ayer. La policía de California ha sido puesta en estado de alerta ante el riesgo de que la eventual victoria de una propuesta para privar de servicios públicos a los inmigrantes ilegales provoque disturbios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de noviembre de 1994

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