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El osario de la calle de Arapiles contenía al menos 300 cadáveres

Las autoridades nunca trasladaron los miles de cuerpos enterrados en el desaparecido cementerio General del Norte. Era más rápido construir directamente sobre el camposanto: nadie se quejaría. Sin embargo, tras el hallazgo el pasado jueves de cientos de huesos bajo la calle de Arapiles, salen ahora a la luz los escasos escrúpulos de aquel Ayuntamiento de principios de siglo. En dos días, los técnicos de la funeraria municipal han extraído 320 cuerpos. Por el momento.

Los empleados de la funeraria han inhumado, en sólo dos días, unos 320 cadáveres de la fosa común de la calle de Arapiles (Chamberí) descubierta el jueves en una galería subterránea al acometer las obras para un aparcamiento. Los trabajos durarán aún varios días.Los restos son colocados en contenedores y trasladados a un depósito de La Almudena. Cuatro de los cadáveres han sido llevados al Instituto Anatómico Forense de Madrid para su anális, tal y como ha ordenado el juez encargado del caso. El resultado de las investigaciones de los forenses no se conocerá hasta dentro de unos 15 días.

De todas formas, ya se calcula que los restos encontrados tienen una antigüedad de unos 150 años. No obstante, no ha aparecido todavía ningún objeto ni ropa que permita conocer con exactitud la época exacta de la que datan los esqueletos. Los técnicos ignoran aún cuándo acabarán la masiva inhumación.

El osario, encontrado a 12 metros de profundidad, está dentro de una pequeña galería de 3,5 metros de longitud, 2,5 de altura y 1,20 de ancho. La cavidad, de unos 10 metros cúbicos, estaba repleta de restos humanos. Este túnel se encuentra, a su vez, unido transversalmente con otras dos galerías vacías, aunque no se descartan nuevos descubrimientos funerarios.

Estos datos no pueden ser más esclarecedores. Está perfectamente documentado (véase EL PAÍS de ayer) que en el rectángulo que forman las actuales calles de Arapiles, Magallanes, Rodríguez San Pedro y la plaza del Conde del Valle de Suchil se ubicaba hasta principios del siglo XX el cementerio General del Norte.

Esta necrópolis fue construida en 1804, según los planos del arquitecto Juan de Villanueva.El cementerio pronto se quedó pequeño a causa de1as muertes que provocaron la guerra de la Independencia, primero, y, después, la terrible epidemia de cólera que asoló Madrid en 1834.

El cementerio fue clausurado en 1884, aunque no fue abandonado totalmente hasta casi cuarenta años más tarde. En él estuvo enterrado el escritor Marlano José de Larra.

El camposanto tuvo que ser clausurado por su situación septentrional y su cercanía al núcleo urbano. Los vientos del Guadarrama llevaban directamente el olor de los cuerpos en descomposición al centro de la ciudad.

El escritor Ossorio y Bernard escribió con sorna en 1878 en su libro Literatura de costumbres: "Me encuentro mal. Se conoce que he asimilado a unos cuantos difuntos. Será posible que los muertos nos visiten en partículas microscópicas".

Cuando a finales de siglo XIX se comenzaron a construir edificios en la zona, los responsables municipales actuaron con la celeridad de los especuladores: con las prisas, no trasladaron la mayoría de los cuerpos. Muy pocos restos fueron inhumados y llevados a otros cementerios. El escrítor Mariano José de Larra fue uno de los pocos que no quedó atrapado bajo toneladas de ladrillos.

El cementerio General del Norte contaba con numerosas galerías y muros. Entre el año de su clausura (1884) y el inicio de las primeras obras de construcción en la zona (principios del XX), la ruina llegó a sus estructuras. Poco a poco fue desapareciendo.

Según el libro Historia de Madrid, publicado por el Ayuntamiento en 1988, la retirada de cadáveres en el caso del cementerio General del Norte no se hizo con la debida meticulosidad. Los restos humanos sirven de asiento a calles y edificios".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de octubre de 1994

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