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Crítica:DANZA

Luz y progreso

Lo que antaño en Rosario Suárez fue facilidad natural, hoy es inteligencia, bordado sentimental, detalle, dramaturgia; si en su juventud generó elogios de críticos de la altura de Clive Barnes, Walter Terry, Irene Lidova o Bengt Häger, y del público balletómano del Metropolitan de Nueva York o de la Ópera de París, hoy, en su madurez nos ofrece el regalo precioso que es su arduo y serio trabajo de danza. Ella fue generosa anteayer -como el personaje- y bailó para todos, se entregó, y la compañía caribeña, por ese efecto y beneficio de imán, también tuvo su noche. Fueron dos horas de belleza y deleite artístico genuinos, porque la danza clásica, para ser grande, necesita honestidad, lágrimas, dejarse la piel y creer en lo que se hace. Habría mucho que decir del primer acto de Charín, que empieza contenido para abrirse poco a poco en expresividad, de su acople musical a través de lo técnico, de su conciencia del poso estilístico, el fraseo de sus brazos, la elegancia e intenciones de su !cabeza. En el segundo acto, la bailarina demuestra que lirismo no es blandura sino un interiorizado deseo de elevación proyectado sapientemente sobre el público.Rosario es la última superviviente digna de una época del ballet cubano, en ella aún están presentes las manos maestras de Fernando Alonso, José Parés y Joaquín Banegas, y de ahí la excelencia artística de su trabajo.

Ballet Nacional de Cuba

Giselle: Coralli-Perrot-PetipaAlonso / A. Adam. Teatro Albéniz, Madrid. 17 de septiembre.

Lázaro Carreño hizo un Hilarión a base de experiencia y esa escuela teatral ' rusa que domina como ningún cubano más; la jovencísima Lorna Feijoó hizo una Reina potente, fatídica en sus saltos dominantes. El Albrecht de Lienz Chang mostró excelencia, fue atinado partenaire en el adagio y tuvo una gozosa variación virtuosa, mientras Galina Álvarez y Emma López también dieron lo suyo, esta última con sorprendentes equilibrios.

Si el mensaje de Giselle es salvar lo mejor de las personas, la función de anteanoche tuvo esa redención llena de significados. El público aplaudió de pie con los más sinceros vítores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de septiembre de 1994