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Javier Latorre impuso su baile en La Unión

El cantaor cartagenero Francisco Contreras 'Bongui' obtuvo la Lámpara Minera

El baile se impuso en el concurso nacional de La Unión. Fue a altas horas de la madrugada del sábado cuando se anunciaron los nombres de los artistas premiados en lapresente edición del Festival del Cante de las Minas, que este año incluía por primera vez la faceta del baile flamenco. La figura del bailaor valenciano Javier Latorre ha brillado con altura sobre el resto de los premiados en los apartados de cante y guitarra en concierto. Cerca de 2.000 personas se dieron cita en el auditorio de La Unión para asistir a la final del concurso y saber la personalidad de los ganadores.

Sobre el ambiente flotaba el recuerdo de la noche gemela de la pasada edición, mágica según todas las opiniones, en la que el joven Miguel Poveda alcanzara un triunfo resonante. En esta ocasión, no se palpaba ni mucho menos el mismo grado de emoción reinante entonces que ha dejado una huella de nostalgia en el ánimo de quienes lo vivieron. Y es que, al margen del nivel artístico demostrado por el bailaor premiado, las otras figuras triunfadoras, Francisco Contreras Bongui, Lámpara Minera otorgada al cante por mineras, y Juan Carlos Gómez Pastor, primero en guitarra en concierto, no llegaron a romper un cierto nivel convencional de arte, capaz de llevar al público al terreno de la expectación y el estremecimiento.

Suavemente bronco

Bongui, que ya había obtenido diversos premios secundarios en anteriores concursos, es natural de Santa Lucía, una barriada de Cartagena; ex minero tras el cierre de las últimas explotaciones de la comarca hace dos años, es un aficionado al cante que podríamos considerar racial. Se cuenta que se le vio cantar en las peñas de La Unión, recién salido de los pozos, con las ropas y la cara cubiertas aún por el polvo y el barro de las profundidades. Tanto en la sección final como en las anteriores de semifinales, pudimos escuchar su estilo, cálido y suavemente bronco, por los palos más representativos de la tierra, mineras, tarantas y cartageneras. Rondando la treintena, Bongui volvió a subir al escenario después de recibir el diploma y el premio en metálico de 500.000 pesetas, para repetir el palo estrella del festival, siendo despedido con moderado entusiasmo, aunque sin una sola muestra de protesta.

El flamante primer premio de guitarra, es un joven madrileño que acaba de salir de la adolescencia, Juan Carlos Gómez Pastor; se trata de otro de esos casos de precocidad y dedicación al arte de la guitarra que ha practicado principalmente en ambientes más o menos minoritarios de las peñas de Madrid. Asiduo del concurso, ya se había presentado en más de una ocasión al certamen de La Unión, cuyo jurado ha querido premiar su constancia y, cómo no, su dominio del instrumento. El anuncio de su persona como ganador del mismo levantó algunos silbidos no muy vehementes de disconformidad, no desprovistos de razón. El estilo y la técnica de Juan Carlos Gómez son impecables y casi con toda seguridad superiores a los del resto de sus rivales, posee una digitación más que notable y un buen sentido armónico, pero su toque suena muy a guitarra clásica, como de conservatorio. Todo lo contrario puede decirse del segundo premio de esta especialidad, Francisco Javier Jimeno, un joven de Estepona (Málaga), que dejó oir un sonido flamenco inequívoco, aunque carente de dominio.

Ausente de los escenarios durante un año, el regreso del bailaor valenciano no puede ser más espectacular y prometedor. Su baile por taranto y alegrías han constituido dos piezas maestras del baile flamenco enriquecido. A sus 31 años, Javier Antonio García, Javier Latorre, es un profesional con una amplia experiencia: perteneció durante 15 años al elenco del Ballet Nacional y ha pasado seis en Córdoba dirigiendo la compañía de danza del Gran Teatro de esta ciudad, a la que se halla muy vinculado.

Javier Latorre ha sido anteriormente laureado con tres premios principales en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba: "Ya no me presentaré nunca más a ningún premio", comentó rotundo, "no soporto la tensión de la competición y no veo por qué nadie tiene que decidir sobre quién es mejor o peor". Sin embargo, él ha probado en esta noche ser el finalista más cualificado; acompañado por un buen grupo de profesionales entre los que se encontraba el cantaor Fali, Pachi en el cajón, y Paco Jarana a la guitarra, la torre nos deslumbré con su sentido plástico de enorme elegancia y belleza, apoyado por un derroche de técnica, "y eso a pesar de que llevaba bastante tiempo sin bailar".

Los segundos premios han recaído sobre los cantaores aficionados o semiprofesionales José Lara Añón, Juan Fuentes Pavón, Agustín Navarro Estévez, El Bongui (también por cartagenera), Francisco del Pozo por el apartado de noveles, e, incomprensiblemente en mi opinión, en una joven de Barcelona llamada Mónica Fernández. De los que se quedaron en el camino destacan dos que no deberían desanimarse, un guitarrista de Ronda, de 17 años, Jesús Vega, y una joven bailaora de Algeciras llamada Mercedes Alcalá. El baile de la finísima sevillana Pepa Montes puso pomada a la espera del veredicto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de agosto de 1994

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