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La crisis de las balsas

Los disturbios ocurridos el viernes en varios barrios de la capital cubana, los primeros desde el triunfo de la revolución en 1959, tienen lugar cuando la isla atraviesa la peor crisis de su historia y cuando los niveles de vida de la población se han deteriorado mucho y la escasez de alimentos, medicinas y todos los artículos de primera necesidad es general.También se producen justo un año después de que el régimen cubano adoptase las primeras medidas de liberalización económica, se despenalizase la tenencia de dólares y se permitiesen ciertas formas de iniciativa privada.

Esta crítica situación económica, que se verá agudizada muy pronto por la entrada en vigor de una serie de medidas destinadas a corregir el desequilibrio financiero, y que comprenden subidas de precios, exención de gratuidades y la creación de un sistema impositivo hasta ahora inexistente en la isla, ha exacerbado los ánimos de muchos cubanos, que cada vez ven en la emigración la única vía para prosperar.

Todo esto ha provocado un aumento vertiginoso de las salidas ilegales en los últimos meses. Así, en lo que va de año la cifra de balseros cubanos que ha llegado a las costas norteamericanas, cruzando el estrecho de Florida, se acerca a 4.500 personas, muchas de ellas niños y mujeres, una cifra escalofriante.

La situación se agudizó hace un mes, tras el hundimiento de un remolcador en el que huían hacia Estados Unidos 73 personas, naufragio en el que perdieron la vida 32 personas. Después de este hecho, el 26 de julio un grupo de personas armadas secuestró una lancha de pasajeros y la desvió a Estados Unidos.

Una semana más tarde, el 3 de julio otro grupo secuestró la lancha que diariamente cruza la bahía hasta el poblado de Casablanca. La lancha fue detenida en aguas internacionales por guardacostas norteamericanos, quienes permitieron a todo el que quiso, incluyendo secuestradores y secuestrados, unos 120 en total, pedir asilo en EEUU.

Por último, el 4 de agosto otro grupo de cubanos secuestró la lancha de Regla a las siete de la tarde y la desvió a Miami, incidente durante el que resultó muerto un policía que viajaba dentro de la lancha y otro fue herido. Al día siguiente, varios cientos de personas se reunieron en el puerto y el malecón para intentar marcharse del país si se secuestraba otra lancha, pero esto no ocurrió y, al ser disueltos por la policía, empezaron a gritar consignas contra la revolución y a lanzar piedras a los agentes del orden y a manifestarse por el paseo marítimo, lo que dio lugar a los graves disturbios de La Habana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de agosto de 1994