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Tribuna:

Cuestión de estilo

El término más repetido en la información sobre la comparecencia del vicepresidente del Gobierno en el Congreso para responder a las preguntas del PP en relación con la fuga de don Luis Roldán, ha sido el de sorpresa. Todo el mundo, según parece, se ha visto sorprendido por la forma en que el señor Serra actuó en el debate con los señores Baón y Ramallo.Esta valoración prácticamente unánime de la sesión parlamentaria creo que es un, fiel exponente del desconcierto, de la pérdida del sentido de la realidad en que parece haberse instalado el país.

Hagamos un poco de memoria. El señor Serra era Catedrático de Teoría Económica antes de ocupar un cargo público y era una persona conocida y valorada positivamente en los círculos intelectuales y académicos de toda España desde los años sesenta. El señor Serra fue conseller en el Gobierno de la Generalitat presidido por el señor Tarradellas. El señor Serra fue el primer alcalde democrático de Barcelona. Posteriormente ha sido ministro de Defensa y vicepresidente del Gobierno de Felipe González. Pero Narcís Serra no es una creación de Felipe González. Narcís Serra tenía personalidad propia, intelectual y política, mucho antes de que Felipe González lo hiciera ministro. Muy pocos políticos en activo en este país pueden presentar una ejecutoria como la de Narcís Serra

Esta trayectoria de varias décadas parece como si no existiera y hubiera sido borrada de un plumazo. Esto no pasa en ninguna parte. ¿Es que algún ciudadano francés, alemán o inglés tendría dudas sobre el resultado de un debate entre el señor Serra y los señores Baón y Ramallo? Lo sorprendente no es el resultado. Lo sorprendente es que alguien pueda sorprenderse del mismo.

En realidad, esta valoración de la sesión parlamentaria, tiene mucho que ver con el Estado de las Autonomías o, mejor dicho, con las dificultades de la comprensión de España como nación compuesta de nacionalidades y regiones, como dice el artículo 2 de la Constitución.

Narcís Serra es un político catalán. Y un político catalán puede hacer política de manera distinta a como la hace un político extremeño, castellano o andaluz. Esto no quiere decir que una forma de hacer política sea superior a la otra. Quiere decir simplemente que son formas diferentes de hacer política. El señor Serra, posiblemente, no habría, podido hacer una carrera política en Extremadura. Pero tampoco el señor Ramallo, posiblemente, la habría podido hacer en Cataluña.

Y esto se nos olvida con frecuencia. Tenemos la tendencia a medir a todos los políticos con la pauta castellana. Tendencia que viene de lejos y que, por lo que se ve, resulta difícil de erradicar. Lo que no es extraño, ya que, como todos los investigadores de ciencias sociales saben, es más fácil cambiar las normal que cambiar las mentalidades.

Por lo demás, para quienes hayan podido sorprenderse por la forma de intervención del señor Serra el miércoles pasado, les recomendaría que viesen el vídeo de una de las sesiones parlamentarias durante la campaña del referéndum de la OTAN. Desde el escaño de ministro de Defensa en lugar de desde el de vicepresidente del Gobierno, Narcis Serra intervino exactamente igual que lo ha hecho esta semana. Exactamente igual. El señor Serra afecta titubear. Él sabrá por qué. Pero cuando quiere expresarse sin titubeos y de manera contundente también sabe hacerlo. Hay políticos a los que les gusta usar palabras gruesas y ser contundentes siempre. Hay otros que prefieren serlo sólo de vez en cuando. Cuestión de estilo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de mayo de 1994