Obreros de la canción
Tal vez no haya, en todo el panorama musical español, dos individuos con menos culto a la propia personalidad que Kiko Veneno y Raimundo Amador. Ambos se ponen al servicio de las canciones que interpretan -grandes, grandísimas canciones- y por ello sus apariciones escénicas gozan de una sencillez propia de artistas tímidos, que les acerca más a los cantautores -en el sentido de enamorados de las canciones que te roban el alma- que a los pavos reales del pop nacional.Klko y Raimundo, Raimundo y Kiko, se calzaron una vez más el mono de currantes y saltaron a la palestra a defender los legendarios temas de Veneno, algunos no menos populares de Pata Negra y, por fin, las del álbum que ha rehabilitado a Kiko ante el gran público. No faltaron las versiones, como ese Volando voy, que nos trae una y otra vez a la retina a Camarón, e incluso una flamenquización del Memphis blues again, de Bob Dylan. Auténtico en todo, KIko hizo gozar y gozó con una parroquia enfebrecida con las historias de superhéroes de barrio, de delincuentes, de seres humanos que siempre van mirando al suelo, de insomnio, de amor con caldito y demás acuarelas sonoras de impresionante belleza. A Raimundo había que verlo disfrutando sencillamente de la buena música. Una vez más, triunfó lo bien hecho.
Kiko Veneno
Kiko Veneno, Raimundo Amador, Juan Ramón Caramés, Antonio Rodríguez, Anthony Seidú y José Manuel Ramírez, Pepillo. Universal Sur. Madrid, 6 de mayo.


























































