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XXXIII CONGRESO PSOE

González quiere evitar el voto de castigo contra los miembros de la ejecutiva que él proponga

El secretario general del PSOE, Felipe González, quiere preservar de posibles castigos a todos los miembros de la nueva comisión ejecutiva federal que salga del 33º congreso.La única forma posible para ello es resguardarles bajo su manto de manera que los delegados voten una lista bloqueada y cerrada encabezada por Felipe González. Si hay castigo será para él. González pretende salir reforzado de este congreso y que su ejecutiva goce del respeto interno y externo. Los dirigentes renovadores con los que se está reuniendo en los últimos días parten de esta base teórica para transmitirla a su ámbito.

Asimismo, el secretario de organización del PSOE, Txiki Benegas, conoce ya esta tesis de su secretario general sobre la que tuvieron tiempo de hablar el pasado lunes en el palacio de La Moncloa, donde el número uno y tres del partido se reunieron durante más de tres horas.El líder socialista pretende llegar al congreso el próximo día 18 con el menor número de incertidumbres posible. Para ello está trabajando intensamente sobre todos los aspectos del congreso, algo que no había hecho nunca después de casi 20 años de secretario general.

González conoce prácticamente todas las enmiendas y está manifestando sus criterios a favor y en contra. La última de las consideraciones efectuadas ha sido proponer a los delegados que voten la lista de la ejecutiva de manera cerrada y bloqueada. Con ello se rompe la tradición del PSOE de que cada miembro de la ejecutiva solía obtener un número diferente de votos y siempre se ha apreciado algún voto de castigo.

González es consciente que la actual dirección resultó infravalorada al día siguiente de celebrarse el congreso, porque los llamados perdedores decidieron ponerse a trabajar para dar la vuelta a esa mayoría. En esta ocasión, con una mayoría parlamentaria exigua y con los problemas económicos del país, González pretende que el partido deje de ser un problema, por lo que le parece imprescindible que la dirección del partido que sustenta al Gobierno goce de solidez y autoridad política.

Por ahora, González no ha recibido a ningún dirigente regional del sector guerrista, aunque sí tiene previsto hacerlo de aquí a que comience el congreso. Con Txiki Benegas, coordinador del congreso federal, mantiene contactos permanentes en la preparación de la infraestructura de la cita del 18 de marzo.

Peleas inaplazables

Ni Felipe González ni los demás miembros de la ejecutiva han sido capaces de convencer a los secretarios provinciales y regionales de que aplacen sus congresos hasta después de las elecciones andaluzas y europeas del próximo 12 de junio. El líder socialista volvió ayer a sacar el asunto en la última reunión de la ejecutiva, lamentándose de que fuera tan difícil simplemente posponerlos hasta una semana después de la confrontación electoral.González tiene razones fundadas para considerar que, entre abril y mayo, fechas de los congresos, en toda España habrá un rebrote dé la pelea, no ya entre guerristas y renovadores, sino para quitar al secretario regional de turno, con el consiguiente barullo público: lo menos aconsejable para un periodo preelectoral.

El secretario de organización, Txiki Benegas, aseguró ayer en la reunión que había hablado con todos los secretarios y les había pedido que aplazaran sus congresos según la sugerencia del secretario general que fue avalada por toda la ejecutiva. No ha habido manera. Cada cual quiere resolver su pelea de manera inmediata, sin más dilación.

Sin embargo, no hubo pelea ayer en la última reunión de la ejecutiva, donde todos hablaron y preguntaron sobre distintas cuestiones "técnicas" del congreso. "Como ha dicho Felipe es mejor organizarlo ( ... )", decía Alfonso Guerra. "Según dice Alfonso es más razonable ( ... )", cuentan que se decían González.

Hubo un aparente olvido por parte de todos los asistentes de que la de ayer era la última ejecutiva que, según la evolución en los últimos tiempos, careció de carácter político. Para muchos, que saben que no volverán, pesaban como una losa las reuniones que el secretario general está manteniendo en el palacio de La Moncloa con otros dirigentes del partido ajenos a la Ejecutiva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de marzo de 1994

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