Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Muere de sida el cineasta británico Derek Jarman

El cineasta británico Derek Jarman, de 52 años, murió ayer víctima del sida en un hospital de Londres. Pintor, escenógrafo, director de videoclips -de Marianne Faithfull a Bryan Ferry pasando por Marc Almond- y, sobre todo, director de un cine experimental e independiente -Sebastiane, Caravaggio, The Last of England-, Jarman fue toda su vida un activista de los derechos homosexuales. Nada más conocer que tenía el virus del sida, en 1986, lo hizo público con el fin de ayudar a que 1a gente se abra y pueda aliviar así el trastorno psicológico".Sus películas, de escaso presupuesto, nunca fueron éxitos de taquilla pero sí obtuvieron honda repercusión en el público por Sus explícitas escenas sexuales y la riqueza de sus imágenes. "Si mis filmes son gay es porque quiero mostrar mi solidaridad con la gente que ha sido desprovista de una cultura y de una imagen con la que se identifica", afirmó en 1991.

Su última película, titulada Blue y estrenada en el Reino Unido el pasado verano, ejemplifica su especial combinación de artes visuales y emociones personales. Partiendo de un óleo azul y una banda sonora, la película, de 90 minutos de duración, estaba basada en sus propios diarios y en su experiencia de lucha contra el sida. Sus amigos aseguraron que Jarman concibió Blue como su epitafio cinematográfico.

Hijo de un piloto de bombarderos, Jarman estudió en la escuela de arte Slade de Londres, donde conoció al artista pop David Hockney, desempeñó primero diversos oficios en el mundo del teatro para realizar más tarde el vestuario de la película de Ken Russel, Los diablos (197 l), y dirigir en 1975 su primer filme, Sebastiane.

Jarman vivió sus últimos años pasando largas temporadas en el hospital St. Bartholomew de Londres reponiéndose de los zarpazos de la enfermedad -había perdido la visión en su ojo derecho y tenía graves problemas para caminar- Sin embargo, jamás sintió lástima de sí mismo y llegó a considerar su enfermedad como "un regalo que me ha dado toda clase de perspectivas que de otra forma nunca hubiera tenido".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de febrero de 1994