LA HUELGA DEL 27-E

El Gobierno intentó distanciar esta huelga de la del 14-D y transmitió normalidad

El Gobierno trató durante toda la jornada de ayer de ofrecer una imagen de normalidad. En lan claro cambio de estrategia respecto a huelgas generales anteriores, como la del 14-D de 1988 o la del 28 de mayo de 1992, la consigna gubernamental fue "no entrar en guerras de cifras" con los sindicatos, dosificar la información y dar sensación de normalidad ciudadana. El secretario general del Portavoz del Gobierno, Miguel Gil, se esmeró en este cometido con apariciones frecuentes ante los medios de comunicación instalados en La Moncloa.

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El secretario general de la Presidencia no se salió de un guión previamente escrito, muy lacónico e institucional y dirigido básicamente a radios y televisiones. En tono impávido y ceremonioso, con la sala de conferencias de prensa de La Moncloa llena de cámaras de televisión, Miguel Gil alabó el "comportamiento cívico de los ciudadanos", que han hecho posible "el ejercicio de de rechos constitucionales como el de trabajo y el de huelga", y lamentó "algunos incidentes aislados violentos". No dio datos de participación de la huelga hasta las 18.30 y sólo referidos a los empleados públicos (un 22,45% de apoyo al paro), donde la incidencia fue menor que en el resto de los sectores. Durante. la jornada ofreció algunos apuntes informativos que favorecían los intereses del Gobierno, Como que la "intensidad de tráfico está por encima o es superior al 80% de un día normal". O que "se están cumpliendo los servicios mínimos en transportes urbanos e interurbanos, aeropuertos, ferrocarriles, gasolineras, recogida de basuras, servicio de panificación y merca dos centrales".

El Gobierno intenaba transmitir una imagen de normalidad diametralmente opuesta a la del 14-D, en la que las calles vacías ofrecieron un aspecto desolador. Y con ello, incidir en el mensaje de que esta huelga se reducía en la práctica a los centros industriales, frente al carácter genera lizado del paro de 1988.

Al comienzo de la mañana, Gil señaló que en Mercamadrid "los camiones que tenían intención de entrar lo estaban haciendo con normalidad", y que en el Metro madrileño se "estaban cumpliendo los servicios mínimos". Que en la Empresa Municipal de Transportes (EMT) de Madrid el número de vehículos en funcionamiento era importante. Y lo mismo en Sevilla y Barcelona. Hacia mediodía señaló que algunos establecimientos comerciales abrían sus puertas avanzada la mañana a la vista de la normalidad reinante.Pese a la precariedad oficial de datos que tuvo la jornada, el Gobierno trabajó intensamente para recabarlos. La Presidencia del Gobierno, a través de su secretario general, centralizó toda la información procedente de los ministerios de Trabajo, Administraciones Públicas, Educación e Interior.

Comisión delegada

Poco antes de las nueve de la noche, el Ministerio de Trabajo difundió. una encuesta sobre la repercusión de la huelga en el sector privado, realizada a partir de datos de 4.149 centros de empleo. Según este sondeo, el seguimiento medio del paro fue del 32,3%, con sus extremos en instituciones financieras (un 14,7% de seguimiento) y las industrias metalúrgicas (un 62,1%). Según el ministerio, su sondeo fue "exhaustivo" en los centros con más de 500 trabajadores de cualquier provincia.La sensación de normalidad la trasladó el Ejecutivo también a su funcionamiento interno. El vicepresidente, Narcís Serra, presidió pasadas las diez de la mañana la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, a la que acudieron, como todos los jueves, los titulares de Economía y Hacienda, Pedro Solbes; Industria, Juan Manuel Eguiagaray; Obras Públicas y Transportes, José Borrell; Trabajo, José Antonio Griñán; Comercio y Turismo, Javier Gómez Navarro, y Agricultura, Vicente Albero. Éste último, viajó a Bruselas tras la reunión para entrevistarse con el comisario de Agricultura de la Comisión Europea, Mister Steichen. La única ausencia de Madrid fue la del ministro de Justicia, Juan Alberto Belloch, de viaje oficial en Honduras.

Ni el titular de la Presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba; ni el de Trabajo, José Antonio Griñán, salieron a la palestra. Se reservan para hoy su análisis político de la jornada. La doctrina oficial del Gobierno sobre el paro la había remachado él propio Felipe González en la víspera durante la rueda de prensa por la visita del primer ministro finlandés, Esko Aho.

González, tras anunciar que pasaría la jornada en su despacho, insistió en que el Ejecutivo no cederá a las presiones sindicales para retirar la reforma laboral. El presidente añadió que está abierto a una negociación, siempre que haya un acuerdo entre empresarios y sindicatos, pero sólo para mejorar la ley en su tramitación parlamentaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0027, 27 de enero de 1994.

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