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Excursion arriesgada

Después de casi cinco días encerrados en un barco en condiciones precarias, los jóvenes polizones empezaron ayer a sentirse mejor. Sobre todo, los que se tomaron el viaje como una excursión. Fuentes conocedoras de lo declarado por los adolescentes precisaron que, de acuerdo con su versión, salieron de Casablanca hace una semana. Cogieron un tren que les llevó a Tánger. Al azar, se metieron en un barco que les devolvió a Casablanca. Insistieron y se colaron en otro barco. Era el Eva del Mar y en él llegaron a España, primero a Valencia y, luego, a Barcelona.. En las oficinas del Grupo de Menores de la Policía (Grume) se acabó el periplo. Allí las autoridades quisieron darles un respiro. Primero se asearon. Luego les reconoció un médico forense. Cruz Roja les facilitó ropa ya que también andaban escasos de vestimenta porque iban con lo puesto, y eso era poco porque alguno no llevaba ni camiseta. Los que se arrojaron al mar en Valencia -intentando escapar- iban vestidos con lo que la tripulación les había dejado.

Tuvieron un rato para comer, algo que desde que embarcaron no habían hecho con regularidad -los tres primeros días de la travesía de Casablanca a Valencia permanecieron ocultos de la tripulación-, ni mucho menos a su gusto. "Les dábamos cerdo, jalufo, como le llaman ellos. Pero no les gusta", contó ayer un maquinista del barco. Cubiertas las necesidades básicas, los polizones tuvieron que responder a un sinfín de preguntas. Entre ellas a si querían el asilo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de octubre de 1993