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La renuncia el ministro del Interior argentino ilustra la pugna por el poder

El ministro del Interior del Gobierno argentino, Gustavo Beliz, renunció a su cargo el pasado lunes por la tarde tras fracasar en su intento de que el presidente, Carlos Menem, optara por lo que a su juicio son "los funcionarios honestos" y no los "alcahuetes y mediocres" que, en su opinión, rodean al actual jefe del Estado. En la madrugada del martes, seis horas más tarde, Menem ya había designado al ex ministro de Trabajo del Gobierno de Isabel Perón en 1975 y ex embajador en Italia hasta 1991, Carlos Ruckauf, para reemplazar a Beliz.El desenlace de lo que fue una más de las feroces luchas de poder dentro del Gobierno por el control de lo que se llama el "menemismo", la etapa posmoderna del antiguo peronismo, acabó tal como podía esperarse desde hace ocho meses y tres semanas, cuando Beliz un joven abogado de 32 años vinculado al Opus Dei, asumió el cargo. Ya entonces, el flamante joven admitía haber entrado "de traje blanco a un lodazal" y se sentía parado en el Gobierno "en medio de un nido de víboras".

El ex ministro fracasó también en su intento de reconstruir el diálogo y la comunicación con los líderes de la Unión Cívica Radical, el principal partido de la oposición. Según él, la reforma de la Constitución que permitirá la reelección del presidente de la nación debía aprobarse por consenso entre todas las fuerzas políticas. Esta reforma permitirá al propio Menem presentarse a un segundo mandato, a lo que se oponen terminantemente los radicales.

Las declaraciones públicas que el ministro del Interior saliente hizo contra los "operadores marginales" que "intentan comprar los votos" le aislaron dentro del Gobierno y provocaron la reacción unánime en su contra del partido hoy en el poder.

El ex ministro aludió siempre, aunque no lo nombraba, al secretario general de la Presidencia, Eduardo Bauzá, a quien se acusa de ser, junto con Eduardo Menem, el hermano del presidente, y Carlos Corach, el secretario legal y técnico, el líder de los que se proponen obtener la reelección del actual jefe de Estado "a cualquier precio".

Elecciones a la vista

La crisis política se produce a sólo 40 días de las elecciones parlamentarias, en las que el menemismo se jugará el todo por el todo. El Partido Justicialista aspira a obtener una victoria que le permita, de inmediato, convocar a un plebiscito no vinculante para declarar la necesidad de la reforma de la actual Constitución, que, desde 1853, excluye la posibilidad de una reelección presidencial. La anunciada renuncia de Beliz ha puesto en evidencia ante la opinión pública una batalla interna que se libra desde hace meses. Ahora parece tener más sentido la crítica de la oposición, que acusa al Gobierno de conducir al país al abismo por su ambición de mantenerse en el poder como sea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 1993