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Crítica:FLAMENCO
Crítica

Un espectáculo de bailarines y bailaores

Espectáculo irregular, al que hay que reconocer dignidad y honestidad en las intenciones, en la realización. La irregularidad reside fundamentalmente en la diversa entidad artística de los componentes que ha integrado Alonso en su compañía. El espectáculo es flamenco en su totalidad, careciendo de cualquier esbozo argumental o hilo conductor. Los bailes se van sucediendo, ejecutados por distintos artistas, y valen según el valor de su intérprete. Esto explica las diferencias, en ocasiones abismales, de calidad.A Belén Maya se le puede reconocer sin ningún problema el grado de eminencia en su baile por siguiriyas, de belleza excepcional.

Con su estampa menuda y su perfil de faraona antigua, Belén traduce al lenguaje Jondo cada movimiento de su cuerpo, que, evidentemente, no sabría expresarse de otra manera. Belén Maya es bailaora de raza, integral, que en la siguiriya encuentra el vehículo ideal para trascender su propio sentimiento flamenco, y lo hace con imaginación, con dramatismo interiorizado que no excluye una gracia alada en el juego de brazos y de cintura, sin alardes efectistas. Le cantó de maravilla ese gran profesional que es El Yeyé de Cádiz, quien antes se había ya ganado a la concurrencia con un espléndido cante por malagueña.

Antonio Alonso,

Belén Maya, Javier Cruz, Inmaculada Ortega y cuerpo de baile. Toque: Jesús de Araceli, Jesús Torres y Vicente Cortés. Cante: Antonio el Yeyé, Silverio y Joaquín Escudero. Dirección: Antonio Alonso. Teatro Alcázar. Hasta el 3 de agosto.

Antonio Alonso hizo de la farruca una versión muy personal. Sobria, contenida, un tanto solemne. Moviéndose siempre en poco espacio, como mandan los cánones flamencos. Una farruca, en fin, cerebral, distante, de bailarín más que de bailaor, pero sumamente interesante.

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