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Tribuna:Ricardo Aroca es arquitecto y director de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.

Señor alcalde, por favor, pruebe la aspirina

El autor de este artículo está en contra del proyecto de reforma de la plaza de Oriente que estudia el Ayuntamiento de Madrid. Antes de meter al enfermo en el quirófano, Aroca aconseja otros métodos menos cruentos y más baratos, aunque de menos lustre, como restringir el paso de vehículos y el aparcamiento de autobuses. Soluciones que, de no resultar, siempre ofrecen la posibilidad de hacer rectificaciones.

Va resultando cada vez más cansado hablar, y me temo que leer, sobre la plaza de Oriente. Da un cierto reparo empeñarse en demostrar que es absurdo algo que lo es de forma bastante evidente, y lo malo es que el cansancio pueda interpretarse como asentimiento.Dadas las consecuencias negativas que pueden derivarse de la empresa:

- El aparcamiento y el túnel pueden generar más tráfico de paso ¿le automóviles y, desde luego, de autobuses, y más contaminación.

- Las rampas de entrada y salida supondrán un obstáculo mucho más formidable para cruzar la calle Bailén que el actual tráfico.

- Por las características de la zona pueden producirse movimientos en los edificios colindantes, incluso en el palacio Real, si no se toman precauciones que harán muy costosa la obra.

- El primer sótano acabará transformándose en una gigantesca estación de autobuses turísticos.

- Morirán muchos árboles en la operación.

-Todo ello sin hablar de los problemas de seguridad que genera el urbanismo por plantas. Ante estos problemas, la argumentación de los proponentes del proyecto es curiosa:

-El aparcamiento no atraerá tráfico. Los túneles no generarán más tráfico de paso y todo se ventilará a través de las bases de las farolas de la nueva plaza, en la que no se verán ya los autobuses, pero al menos podrán olerse.

-La estación de autobuses (vez y media la de Méndez Álvaro) era sólo para guardar autobuses de lujo por la noche, no generará tráfico y además puede reducirse.

El proyecto será barato, ya que hoy día se contrata con grandes bajas, pero si es caro, ¿cómo va a escatimarse dinero para una cosa así? (se han usado ambos argumentos en la misma reunión).

-El área central de la estación de autobuses, que era comercial, ahora es un espacio cultural de uso indefinido para cuyo funcionamiento no hay, que se sepa, presupuesto previsto. (Y, cuando la cultura no funcione se caerá en la cuenta de que al lado de los autobuses mejor es poner agencias de viajes).

Ante la camaleónica operación, que más tiene de agujero en busca de una función que de rigurosa solución a unos problemas que nunca se han concretado con precisión, uno piensa que debe haber alguna otra razón para que el actual Ayuntamiento se embarque en un antiguo empeño personal de Miguel Oriol (que, no olvidemos, estaba acompañado en tiempos de una entreplanta para peatones sobre el paseo del Prado y Cibeles, que podría venir a continuación).

Después de mucho debatir, que siempre es útil, el agujero va adquiriendo sentido: el proyecto cambia de forma y contenido a medida que se revelan sus muchas debilidades, pero persiste lo esencial: hacer un agujero y de paso hipotecar con otros usos el suelo público, el suelo del ciudadano.

Riesgos y agujeros

Uno querría equivocarse al formular una posible explicación al apoyo municipal, que desgraciadamente encaja: Oriol defiende su idea de toda la vida, y lo hace con valor y entusiasmo mientras el Ayuntamiento espera sin comprometerse mucho; detrás irá toda una serie de operaciones tan subterráneas y, probablemente, más cutres. Todas ellas tendrán en común agujerear e hipotecar el suelo público, con buenos negocios para algunos y con los riesgos a cargo del bolsillo de los ciudadanos.

Señor alcalde, los problemas de la plaza de Oriente, en lo que tengan de real, pueden paliarse con soluciones blandas y baratas; antes de recurrir a una cirugía irreversible, costosa y, en opinión de muchos, innecesaria y contraproducente, pruebe a ver si al enfermo le mejora la aspirina.

Es fácil disuadir el tráfico de paso por Bailén ensanchando la acera al palacio y abriendo poco tiempo los semáforos. Incluso cortar la circulación frente al palacio no obliga a hacer ningún túnel, ya que hay un itinerario alternativo (Virgen del Puerto) de gran capacidad, que ya está construido.

Los autobuses de turistas no necesitan esperar en la plaza, pueden dejar a los turistas y volver a la hora convenida, como se hace en todas partes.

Todos los teatros antiguos funcionan sin aparcamiento subterráneo y la gente va a la ópera en trasporte público o con chófer, que es de mejor tono.

Y, entre tanto, no sería malo cuidar un poco más la jardinería, cuyo descuido aduce Oriol como otro de los problemas que solucionará el agujero.

Estas soluciones son baratas, aunque de menor lucimiento, y tienen la ventaja de que se va viendo qué pasa y, además, se pueden rectificar si no funcionan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de mayo de 1993

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